El funeral del Sr. Garza

rubenEscribe:
Rubén Abularach
Publicado en:
gAZeta joven
Revista digital

-Literatura joven- Un estudiante de secundaria con el don de la creatividad que quiere compartir sus creaciones con el mundo. Desde pequeño ha tenido la necesidad de crear una historia para mantenerse entretenido y tratar de encontrarle un significado a el mundo que nos rodea.

Puse mi celular y billetera en el canasto plástico que se me indicó.

¿Por qué es necesario un detector de metales en un funeral? Me pregunté. El fallecido era un detective, así que… tal vez eso lo explica.

No le presté mucha atención a esto, ya que luego entré al lugar del funeral. Ya era muy tarde, por lo que estaba casi completamente vacío, salvo por tres personas con lágrimas en los ojos que se estaban despidiendo. Me percaté de una mujer con pelo rizo en el fondo del cuarto, observando el ataúd y mordiéndose las uñas.

Estaba tan concentrada en el difunto que no me vio acercarme.

«¿Qué haces aquí tan tarde?», le pregunté, sentándome en la silla que estaba a su lado.

Siguió agresivamente masticando sus uñas sin voltearme a ver, entonces seguí tratando de llamar su atención.

«La funeraria está a muy poco de cerrar…».

Le tardó un par de segundos, pero me volteó a ver y puso una expresión sorprendida, como si se hubiera acabado de enterar que yo estaba allí.

«Hola… perdón, pero… ¿quién eres?».

Pasó de morderse las uñas a enrollar un mechón de pelo castaño en su dedo.

«Yo trabajaba con el Sr. Garza. Fue una pena oír de su fallecimiento. Bueno, para ser honesto, me sorprendió escuchar que un hombre tan feliz se haya suicida…».

«¡No se suicidó!» en una fracción de segundo adaptó una expresión de ferocidad tan intensa que me hizo saltar del susto. Pero tan rápido como se alteró, regresó a enrollar su pelo con una cara de pena.

Sentí la necesidad de disculparme.

«Perdón, no quería…».

«No, yo soy la que me debo disculpar con usted. Es que ya estoy harta de que todos vengan lamentando su “suicidio” cuando es evidente que un hombre tan inteligente como él nunca se cortaría su propia garganta. Tenía varias pistolas, si en algún momento se quisiera haber suicidado, no habría dudado en hacerlo de una manera más rápida. Por Dios, es evidente que…».

Suspiró, enterrando la cabeza en sus manos. Me tomó un tiempo ver que había lágrimas saliendo de donde se cubría los ojos.

«Era… él era… mi esposo…», se limpió la cara con sus mangas y resumió enredando su pelo.

«Lo siento, mucho, doña Garza. ¿Tal vez… puedo hacer algo para ayudarla?».

«No». No se molestó en verme a los ojos al seguir hablando.

«No, a menos que… ¿dijiste que trabajabas con él? Si eres un detective, tal vez me puedes ayudar a encontrar el nombre de la persona que lo asesinó».

No supe cómo responder a esto.

«Tal vez la pueda ayudar un poco… ¿qué otros detalles sabe usted sobre el asesinato?».

«Nada. Solo el modelo de la cuchilla con la que el corte fue realizado».

Me volteó a ver lentamente y siguió hablando.

«Una cuchilla especializada para llevar en lugares pequeños, como… una billetera».

Me siguió observando, como si quisiera que le dijera algo. La mirada era de una persona loca, el tipo de mirada que hace que te levantes y te vayas de ese lugar. Así que eso fue exactamente lo que hice.

«Lo siento, no puedo ayudarla. Mis sinceras condolencias, ha sido un placer conocerla».

Me di la vuelta y salí de allí caminando lo más rápido posible, casi corriendo.

Debería haberlo notado. La falsedad en su voz, las lágrimas forzadas. Debería haber notado cuando los guardias sacaron la cuchilla de mi billetera al pasar por el detector de metales.

Pero era muy tarde, los guardias ya me tenían en el suelo, apretando mis muñecas contra el frío metal de las esposas

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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