Cómo ser una persona de oración (1 de 2)

oracion 2.jpgEscribe
Jeffrey Bruno
Tomado de:
Espiritualidad Aleteia

Parece sencillo pero la constancia en Dios no es tan fácil… Ser constante en la oración es la tarea de toda mi vida. No siempre soy fiel. Desfallezco. Mis brazos se caen. Veo que pierdo la batalla.

Necesito el apoyo de los otros, su oración constante. Si no lo tengo veo cómo el mundo me atrae y me pierdo en la superficie de tantas cosas. Las redes sociales, el uso de los móviles. Todo va demasiado rápido y no tengo tiempo para orar.

Quisiera vivir tan en contacto con Dios que pudiera encarnar lo que dice san Antonio Abad: “La oración perfecta es no saber que estás orando”.

Vivir orando sin saber que lo estoy haciendo. Como el pez que no sabe que está continuamente en el agua. Como la respiración. Una segunda piel. A veces me canso o me duermo intentando rezar. Pero como decía santa Teresita:

“Debería atribuirla a mi poco fervor y fidelidad, tendría que estar desolada de que desde hace siete años me duerma durante la oración y la acción de gracias. Pues bien, no estoy desolada… pienso que los niñitos dan tanto gusto a sus padres cuando duermen como cuando están despiertos, pienso también que, para operar, los médicos duermen a sus enfermos. Pienso, en fin, que el Señor conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo”.

Jesús conoce mi falta de fidelidad. Sabe cuáles son mis deficiencias. Ha visto mi pobre vida de oración. No se sorprende, no se escandaliza.

Aun así me pide que persevere en la vida espiritual que he aprendido y he hecho mía. ¿Cuáles son mis seguros para permanecer anclado en el corazón de Dios?

Quiero llevar una vida de oración como la que sugiere el Padre Kentenich en 1914: “Una intensa vida de oración”. Un vivir de forma intensa unido al Señor. Rezar constantemente sin cansarme viviendo mi alianza de amor con María en el Santuario. Estar en silencio ante Jesús contemplando mi vida. Escribir lo que el Espíritu despierta en mi alma.oracion 1

Parece sencillo pero la constancia en Dios no es tan fácil. Quiero aprender a rezar de la mano de María. Quiero mantenerme fiel día a día.

Quisiera hacer mía la oración de Antoine de Saint-Exupéry, autor de el Principito. Escribió esta bella oración al Señor para pedirle un regalo raramente invocado:

“No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos. Ayúdame a distribuir correctamente mi tiempo; dame la capacidad de distinguir lo esencial de lo secundario. Te pido fuerza, autocontrol y equilibrio para no dejarme llevar por la vida y organizar sabiamente el curso del día. Haz de mí un ser humano que se sienta unido a los que sufren. Permíteme entregarles en el momento preciso un instante de bondad, con o sin palabras”.

Esa oración es una ayuda para el diario vivir.

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s