Quiroa un recorrido por su vida. Parte 7 segmento II

quiroa 6 01

Juan Antonio Canel

Por
Juan Antonio Canel Cabrera
Escritor
Publicado en: Diario La Hora
Guatemala, C. A.

Ocasionalmente llegaba doña Eloísa Velásquez, la Locha, la madame de Guatemala, acompañada de su cocinero, a disfrutar del ambiente alegre que no cesaba ni de día ni de noche. Además, una atracción que jalaba a los bohemios era la voz y guitarra de Alberto Zúñiga, más conocido como el Negro de Las Democracias que hacía arrancar a sus oyentes lágrimas de alegría y de nostalgia.

Los viernes por la noche aparecían luchadores como Arístides Pérez, El Fantasma, El Alacrán, El Inocente Castellanos, etc. También otra atracción para los insomnes devotos báquicos era que, todos los días, después de la una de la madrugada, llegaban las chicas de la vida alegre de los bares aledaños a poner en relax sus cuerpos por la vía del baile.

Mateo, el cocinero de Las Democracias, se hizo famoso porque ablandaba la carne para los bistecs a pedradas y, ya con sus tragos entre pecho y espalda, gritaba: “¡Viva Castillo Árbenz!”. Pues en ese lugar se reunía Maco con muchos amigos, como el “Seco” Roberto Paz y Paz, su inseparable alero el Chino Raúl Aquiles Marroquín, José El Caldo Alfaro, Manolo Lera; incluso, Jorge Quiroa, su hermano llegaba a hacer ingestas alcohólicas, aunque no compartían mesas.

En una ocasión, mientras conversaba, llegó el patojo que pasaba todas las tardes vendiendo el periódico El Imparcial; Quiroa se lo compró y siguió con el güiri-güiri y el chilín-chilín de los vasos. Al poco rato, según Marco Augusto, volvió a pasar el patojo vendedor del diario y le dijo:

—¿Le dejo El Imparcial, don?

—¿No te lo acabo de comprar, pues?, mirá aquí lo tengo todavía —le respondió Maco.

—No, don, ese que tiene allí me lo compró ayer.

En ese momento, Maco y los contertulios se dieron cuenta que, por lo menos, llevaban 24 horas de salpicar alcohólicamente las palabras. Hasta en ese instante sintieron el tiempo.

Conversar con Maco siempre fue un placer; sabía darle a sus palabras una amenidad que le ponía algodón a los pies del tiempo; uno no sentía el paso de las horas. A donde llegara, ya se tratara de una fiesta, de un asunto serio o de una encerrona de cantina, él fue experto en poner contentas a las caras bravas. Pocas veces lo vi de moco caído; siempre fue alegre y entusiasta. Por eso, cuando le preguntaban por qué le gustaban las mujeres bravas, respondía con toda naturalidad: “Porque cara brava, rabo contento”.

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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