San Juan del Obispo: una aldea escuela -3 de 4-

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Foto de Internet: Viajero errante

Escribe:
Eduardo Sacayón Manzo
Publicado en:
gAZeta, Prensa digital
Guatemala, C. A.

Una experiencia cooperativista que enseña sus lecciones positivas, del trabajo colectivo, la introducción de nuevas tecnologías, comercialización y apertura de mercados globales, pero también la frustración y conflictos asociadas a la condición humana que no permitieron darle continuidad a la organización que dio origen a la actual fama del níspero de San Juan.

Un museo para comer chocolate con los ojos

Junto al Museo del Níspero, hay otra joya, el Chocolate Antigua, una «escuela artesanal» dedicada a la bebida sagrada de los mayas. Una sencilla sala de una casa familiar, habilitada con varios escaparates y vitrinas, moldeadas por carpinteros y ebanistas locales, sirve de exposición de la variedad de productos derivados del Theobroma cacao, árbol de nobleza milenaria, para que el chocolate se deje comer con los ojos.

Es muy amplia la demostración que conduce la propietaria del negocio, con sus descripciones que son piezas de didáctica del chocolate. No fantasea ni ritualiza innecesariamente, comunica saberes sobre los orígenes, historia, producción, propiedades y usos medicinales derivados de esta fruta del árbol de cacao, una planta que genera pasiones nacionalistas por su origen en Mesoamérica y otras regiones.

La pequeña empresaria, de manera muy sutil, con un pequeño toque emotivo, también enseña el lado humano en el desarrollo de este negocio del chocolate. Esa parte desconocida de la que pocos se interesan sobre los sacrificios humanos que conlleva sobrevivir en la gestión y desarrollo de la microempresa. Desvelos, angustias y dolores de cuerpo por el repetitivo amasijo manual de la pasta derivada de la semilla del cacao, un largo esfuerzo humano, para darle las formas y texturas al delicioso producto. Es parte del negocio, afirma con cara de agotada, pero también es su tributo por conservar tradiciones culturales y salvaguardar una larga historia de trabajo y memoria familiar, en un contexto de falta de estímulos al microemprendimiento que trata de girar en un circuito de economía formal.

El chocolate como marca de identidad nacional

Lo que no se dijo en esta demostración, es que los mexicanos han sabido introducir, como marca de identidad nacional, el chocolate, internacionalizando algunas pequeñas producciones de base artesanal y naturaleza orgánica, con ribetes étnicos y comerciales, para un mercado de categoría gourmet. Una iniciativa muy diferente a las empresas europeas y norteamericanas que desarrollaron esa inmensa industria de confitería del chocolate, tipo chatarra, con muy bajas o nulas proporciones de pureza, aunque de dimensiones planetarias para un consumo globalizado.

 

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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