Mensaje del Tercer Domingo de Cuaresma

higuera2Por:
Francisca Sierra Gómez
Orar con el evangelio
Tomado de:
Revista Ecclesia digital

Sitio web católicoParábola de la higuera que no dio fruto. Hoy en este domingo de Cuaresma, ya el tercero, sí me pregunto: Jesús, ¿y qué me quieres decir con esta parábola de la higuera que no dio fruto, la higuera estéril? ¿Qué es lo que me quieres   decir? Cuando reflexiono contigo esta parábola y la oigo que me la dices a mí personalmente en mi corazón, me da pena…

Y a veces siento tristeza, pero me lleno de confianza en ti porque sé que eres misericordioso y paciente. Cómo les pones a toda esta gente esa parábola de esta higuera que la planta el dueño con tanta espera de dar fruto y cuando fue a buscar fruto, no tenía nada, estaba vacía; muchas hojas y poco fruto. 

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Y también me emociona cómo Tú terminas esta parábola. El viñador dice: “La voy a cortar”.  “No, déjala a ver si da fruto.  Déjala a ver si cuando volvamos otra vez da fruto y si no, pues ya la cortas”.  Jesús, Tú pasas por mi vida y hoy te pregunto, —que me contestes—: ¿ves Tú mi vida como esta viña, llena de hojas, llena de todo? ¿Ves Tú mi vida como esta higuera que, plantada, no da nada de fruto?  ¿Qué ves en mí?  ¡Cuánta paciencia tienes conmigo!  ¡Cómo me esperas! “Déjala, a ver si da fruto”.  Así eres Tú de bueno.

Y esperas…  y esperas…  Tu gran paciencia, Jesús.

Tantas cosas me dices hoy: “Soy esa higuera plantada en tu viña” …

“Tengo que dar fruto” … Esperas y confías en que al fin y al cabo daré algún fruto.

Jesús, hoy te pido perdón por mis esterilidades, por esta vida vacía a veces. Esta vida que vas a verla, vas a tantearla y no tiene nada; todo humano, nada en ti, que eres el Fruto auténtico. Y me da pena… 

Te digo: Perdón, Jesús, ten paciencia conmigo. Déjame… ayúdame… Que yo sepa recibir tu abono, tu agua, para que dé fruto, y que no me separe de ti. Y este fruto que no da es porque mi vida está apegada a tantas cosas, a tanto… Y me tiene que liberar tu misericordia.  Te pido que tengas paciencia con mi pobreza, pero que no me dejes así, que me urjas, que me impulses a que me llene de ti para que pueda dar fruto.

Hoy te pregunto, Jesús: ¿cómo está mi higuera? ¿Qué frutos quieres que dé? ¿En qué me tienes que liberar? ¿En qué me tienes que podar para que dé fruto?

Qué bueno eres, Jesús: “Déjala, déjala a ver si ya da fruto, vamos a esperar”. No te cansas nunca.  Me admira tu paciencia.  Cualquier gesto lo acoges bien, cualquier reacción, cualquier todo…  ¡Qué bueno eres!  Te pido perdón, pero te pido fuerza y te pido luz para que sepa llenarme de ti, cargarme de vida, cargar de sentido mi vida y dar el fruto que deseas.

Se lo pido también a tu Madre para que ella interceda ante ti, interceda por mí para que Tú actúes en mi higuera y le hagas dar fruto. Esta es la hermosa parábola de la higuera que no dio fruto. Que nunca te acerques a mí y te vayas triste, defraudado, porque no he dado nada.

Que acoja con amor esta parábola.

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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