Miguel Ángel Asturias habla sobre El Señor Presidente. -1 de 3-

asturias 2 Miguel Ángel Asturias (Foto Prensa Libre ARCHIVO).Compartido por:
Comunidad de Lectores

Durante el mes de septiembre de 2016 estuvimos leyendo “El Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias. Libro interesante por demás. Una de las cosas mágicas que tiene la literatura, los libros, la palabra escrita como tal, es que funciona como testimonio hasta la posteridad. Si uno quiere hablar con un autor ya fallecido, en algún libro lo encontrará. En los propios o en los de otros. 

Así, buceando en un enorme libro que contiene innumerable cantidad de ensayos y estudios sobre esta novela, encontramos un texto de Asturias. Nos referimos a “El Señor Presidente”, edición crítica coordinada por Gerald Martin  y que fue publicada con motivo del centenario del nacimiento de este gran escritor. El texto al que nos referimos, se llama “Coloquio con Miguel Ángel Asturias, Guatemala, Universidad de San Carlos, 1968 (Fragmentos de una conversación)” Son palabras de Asturias en las que habla sobre esta  novela. El texto es muy interesante y hemos decidido transcribirla para compartirlo en este blog. El texto se encuentra en las páginas  806-808 para quien quiera revisarlo. 

Lo hacemos en dos partes para que la lectura se les facilite. Quedan invitados a escuchar a Asturias haciendo unas anotaciones sobre su novela más famosa y una de las más leídas. 

En lo que toca al Señor Presidente, puedo señalar que lo primero que escribí fue un cuento que se llamó “Los mendigos políticos”. Este cuento llamado “Los mendigos políticos” lo escribí yo al final de 1923. Ya no me dio tiempo para enviarlo a ningún periódico. Aquí, en esa época, y creo que todavía actualmente, con motivo de la Navidad los periódicos publican una edición literaria. Ya no tuve tiempo de enviar este cuento que se llamaba “Los mendigos políticos” a ningún periódico de Guatemala, y cuando me marché a Europa en 1924, llevaba este relato conmigo. 

 Llegado a Europa, nos reuníamos con amigos en los cafés de Montparnasse y en la charla de café empezó a surgir lo que podríamos llamar una rivalidad entre los venezolanos, los guatemaltecos, los mexicanos, que referíamos algunas anécdotas de nuestros respectivos dictadores, de don Porfirio Díaz, de Estrada Cabrera, del dictador de Venezuela, y cada quien hacía cuentos sobre el particular. Esta “rivalidad” me fue haciendo a mí ir recordando, indudablemente, una gran cantidad de cosas que yo había oído contar en mi casa. 

Durante la dictadura de Estrada Cabrera, en las casas, cuando se hablaba –que no se decía Estrada Cabrera sino se hablaba de “el hombre”-, se cerraban todas las puertas y las familias se retiraban algo así como hasta la cocina; ahí se hablaba en voz muy baja sobre lo que ocurría en el país. Uno, de niño, asistía a estas conversaciones –muy, como digo, muy en voz baja- tal vez incomprensibles porque se hablaba de personalidades de la política o de situaciones de presos, de gentes que estaban en la penitenciaría, o de los sucesos de los cadetes, o los sucesos de los muertos por la bomba cerca de la Iglesia del Callejón del Judío. Todos estos aspectos, pues, indudablemente fueron quedando impregnados en mi sensibilidad, y a mí me servía todo esto que yo iba recordando para ir relatando anécdotas de aquella época. Luego, una vez pensé: “Pero, si tengo “Los mendigos políticos”, que son un poco el recuerdo de esta situación, es indudable que puedo ir agregando, a lo que ya tengo, las nuevas anécdotas que voy recordando”. Y es así como, conversando, empezó a surgir El Señor Presidente. 

Jamás tuve yo el ánimo de escribir una novela; jamás tuve el ánimo de que fuera a publicarse, sino más bien lo hacía como recogiendo los relatos que yo hacía sobre El Señor Presidente. 

En esta época frecuentábamos a algunos escritores muy preocupados del papel que jugaba la palabra en los textos literarios. Uno de estos autores, que fue gran amigo mío –lo digo con orgullo-, es Paul Eluard, el famoso poeta francés. Conocí también en esa época, aunque menos –muy de lejos naturalmente-, a James Joyce; conocí a Gertrudis Stern, y en todos estos autores lo importante era la palabra: era lo que la palabra representaba dentro de la frase. 

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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