EL MES DE MAYO -2 de 3-

mario gilbertoEscribe:
Mario Gilberto González R.
Ex Cronista de La Antigua Guatemala

Por la mañana se oficiaba una misa solemne al pie de la Cruz y por la tarde no podían faltar, la marimba, las piñatas, las bombas,  los cohetes y las vendimias populares que consistían en: maní o manillas como le llamaba la gente sencilla, elotes cocidos o asados a la brasa,    melcochas, tamalitos de cambray, chuchitos, pepita, chancaca…  La compra   se pagaba con tejos de china que después enterraban las vendedoras en sus casas,  en señal de buena suerte, porque siendo la Santa Cruz, un símbolo sagrado donde Jesús fue inmolado, no se debía mercadear los alimentos que El ofreció multiplicados a quienes le seguían y escuchaban  su palabra. Esta ceremonia y festividad, se repetía el Jueves de la Ascensión.

Los albañiles elaboraban en  la obra que construían, un altar donde destacaban la presencia de la Cruz. La adornaban con figuras de papel de china, velas,  incienso y pino regado en el piso. En alguna obra, se amenizaba con marimba y se servía un suculento almuerzo. El vapor etílico hacía de las suyas al final de la tarde.

Ese día también, se celebraba en Amatitlán el Día de la Cruz, con la procesión del Niño Jesús alrededor del lago. Muchas embarcaciones lo acompañaban. Sentaban al Niño  en una silla formada en una roca. De tarde volvía con gran acompañamiento de lanchas y muchas velas encendidas.  Popularmente era conocida, como la fiesta de la Pepesca. Ese era el pez del lago. Se cantaba con alegría: Chancaca, pepita y queso, que soy puro de Amatitlán…

El quince de mayo era especial.  Dedicado a San Isidro Labrador. Santo que traía el agua de lluvia y  se iniciaba oficialmente el invierno y las siembras. En la finca El Portal, se celebraba de manera especial, con una solemne misa y mucha alegría popular, donde volvían a aparecer las vendimias populares.

A las siete  de la mañana,  era un corre corre de los papás y sus hijos, para estar presente en la escuela y en los colegios a las ocho en punto de la mañana, porque esa falta de puntualidad, era motivo de regaño para los papás y castigo para los hijos.

A las 8 en punto se mandaba formación general y con una ceremonia especial, en la que estaban presentes, el Director de la Escuela, el Jefe Político, el Intendente Municipal,  el Inspector de Educación, el Presidente de la Junta de Educación y los profesores, solemnemente se declaraba el inicio del ciclo escolar.

Don José Lafuente  interpretaba al piano el Himno Nacional y un profesor orador, exaltaba con verbo florido, las virtudes de la educación.

A veces, esta ceremonia se estropeaba porque las primeras lluvias saludaban desde bien temprano, el primer día de clases. Así que saltando charcos, evitando lodazales  y librándose de la lluvia que  caía de los viejos tejados, la puntualidad debía de cumplirse.

Y desde ese primer día de clases, el rigor a los estudios, era una exigencia indiscutible.

La Intendencia Municipal, mandaba colocar puentes de madera movibles, en distintas calles de la ciudad, donde las correntadas de agua se extendían a lo ancho de la calle.

Cuando dejaba de llover por varios días y la lluvia era necesaria para las recientes siembras, en los patios de las casas se hacía una cruz de ceniza y se invocaba a San Isidro Labrador, de esta manera:

mario 3

San Isidro Labrador,
pon el agua y quita el sol.

Las primeras lluvias reverdecían los campos, brotaban pujantes las siembras como el maíz y el frijol y los montes silvestres como la verdolaga, el macuy, el chipilín, el loroco, los güisquiles, los bledos, la flor de izote ofrecían su delicia en las mesas antigüeñas. El chichicaste y la mala yerba, lucían frondosos en los cercos con alambres de púas, En las casas, florecía el guisquilar sobre débiles tapescos. Las puntas de guisquil o sean los tallos tiernos aderezados con tomate,  eran otra delicia culinaria. La flor de loroco  le daba un sabor especial al arroz y en los jardines abrían sus pétalos en las frías mañanas, la rosa, el lirio, el clavel, el geranio o el cucuyús.

A la vez que las lluvias alimentaban las siembras y embellecían los jardines, traían enfermedades. Se decía que las vacas comían las hojas tiernas de la milpa y que la peluza iba en la leche y para que no hiciera daño, se le agrega agua de cal de segunda, que se vendía en las farmacias.  Los niños no soportaban los cambios de la naturaleza   y las enfermedades pulmonares y estomacales los llevaban a la tumba.

Cada día, a lo largo del mes de mayo, eran frecuentes los sepelios de los niños. Se amortajaban con faldones blancos  en cajitas forradas de blanco Las de las nenas, se distinguían con un listón  rosado alrededor.

La velación de su cuerpecito –por ser considerados angelitos que volaban al cielo, se les arreglaba un altar con muchas velas y azucenas, cartuchos y sus  cuerpecitos inertes, eran colocados en los brazos de un ángel, en señal de entrega para que él, los llevara directamente al cielo.

mario 5El Ángel abre sus brazos para recibir a otro angelito,
que duerme entre cartuchos y velas.
Así eran los altares para las velaciones de los niños.

Mi hermano Jorgito y después los gemelitos Carlos Arturo y Blanca Luz, volaron al cielo en el mes de mayo. Blanca Luz, cerró sus ojos en mis brazos. Sentí, cómo su calor se perdía  y el frío la arropaba lentamente. La vestimos con un faldón blanco y en su cajita blanca, la llevamos en brazos a su morada eterna.

Las paperas, la varicela, el sarampión, el mal de ojo, los cólicos intestinales, el empacho, los resfriados eran enfermedades propias de los niños en el inicio de las lluvias. En cambio, la viruela, la pulmonía, la rubéola, la escarlatina, las infecciones intestinales, fiebre tifoidea,  la tos ferina, la difteria y la meningitis eran mortales. Cuando un  niño moría de difteria, Sanidad ponía en cuarentena la casa y a la familia y se evitaba que los demás niños se acercaran a esa casa.

Y en familias numerosas y a veces con escasez económica, las enfermedades hacían de las suyas y la mamá, principalmente, encendía velas a los santos de su devoción, para que las enfermedades pasaran de largo y la calamidad no entrada por el quicio de su puerta.  Se recuerda este dicho.

 “El sarampión toca la puerta.
La viruela pregunta ¿quién es?
Son las paperas, señora,
Que la sarna viene después…”

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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