Breve panorama de la poesía guatemalteca -2 de 2-

vania 1Autor:
Vania Vargas
Tomado de Revista Literofilia
Guatemala, C. A.

La década del 30 es un eslabón editorial, lleno de narradores y dramaturgos importantes. La Editorial Mínima que fundó Miguel Marsicovétere y Durán y su grupo “Los Tepeus” fue otro esfuerzo colectivo en el que vio la luz el trabajo de varios escritores de la época, como el dramaturgo Manuel Galich, ese maestro comprometido con la literatura y su país;  Francisco Méndez, el poeta de los Nocturnos y el cronista del encanto mágico y la tragedia del país a través de las historias de su pueblo Joyabaj, o Mario Monteforte Toledo, entre otros.

Con los años 40 y 50  llegó a Guatemala el fin de la dictadura de los 14 años, el triunfo de la Revolución y su posterior caída. El florecimiento de la cultura, y el posterior desparpajo de artistas e intelectuales que salieron al exilio, en su mayoría hacia México, cuando triunfó la Contrarrevolución. Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Otto Raúl González, Raúl Leiva, Augusto Monterroso, poetas y narradores que a través de la Revista de Guatemala y la revista Acento, fueron parte de un intercambio no solo de las letras guatemaltecas sino de las de los escritores importantes de su época, de España y el continente, y de los artistas plásticos guatemaltecos.

En los 60 cuando empezaba el levantamiento armado, confluyeron en la capital poetas y narradores que venían de distintos puntos del país, escritores de la provincia que se reunían para hablar de poesía, para leer para sí mismos y para llevar sus lecturas a escuelas, sindicatos y plazas. Francisco Morales Santos, el actual director de la editorial del Ministerio de Cultura; Luis Alfredo Arango, el que habló con sencillez del encanto del pueblo y la nostalgia; Roberto Obregón, el que volvió al Popol Vuh para entender a Guatemala y su lucha, Julio Fausto Aguilera, quien sigue envejeciendo solo en un asilo; Antonio Brañas, el hermano de César Brañas que debió cargar la sombra familiar, y que contrario a su hermano, le apostó a la brevedad y la fuerza de las palabras que salen de las entrañas; ellos, entre otros, fueron el Grupo Nuevo Signo, quienes se valieron del mimeógrafo que la poeta Delia Quiñonez tenía a su disposición en la oficina de Bellas Artes para empezar a reproducir su poesía, en hojas sueltas que reunían en folders pequeños que constituían los poemarios. Una técnica que replicaron en los 70 los poetas que empezaron a hablar del país que representaban los paisajes urbanos: Aída Toledo, Luis Eduardo Rivera,  Enrique Noriega y sus ediciones del Cadejo. Y en otros rumbos de la ciudad, los escritores de La Moira y Rin 78, que partiendo de una especie de cuchubal iban logrando publicar los libros de cada uno de sus miembros y amigos. Luz Méndez de la Vega, Ana María Rodas, Carmen Matute, y en solitario, siempre cerca de Nuevo Signo y los grupos de los 70, Isabel de los Ángeles Ruano, quien todavía ronda las calles del Centro Histórico vendiendo fotocopias de sus poemas y lapiceros, desde una dimensión donde parece tampoco estar a salvo.

Fotocopias y encuadernados sencillos ilustrados a lapicero por sus amigos artistas, como Marco Augusto Quiroa o Alejandro Urrutia, usaba también Roberto Monzón, otro poeta solo, que alguna vez vendió sangre para enviar un trabajo que ganaría los Juegos Florales más importantes del país, que armaba sus libros para venderlos entre sus amigos, y a ese acto artesanal de supervivencia pura le solía llamar las Ediciones de la doble sercha, esa línea directa de publicación que retomaron en los 90 las ediciones bizarras del poeta Simón Pedroza que tenían como eslabón directo a Monzón, pero también a Francisco Nájera, el poeta guatemalteco residente en Nueva York que arma sus poemarios con fotocopias engrapadas en hojas de colores y los regala entre sus amigos, como Brañas hizo alguna vez.

La historia reciente continúa en esa línea. Los años posteriores a la firma de la paz fueron de la publicación de narrativa a través de Editorial X, una narrativa que exigía el espacio y los temas que debido al conflicto habían quedado estancados. Se optó por la sencillez, por la brevedad y por algo que durante algún tiempo se creyó que era desencanto, pero era más bien hartazgo. De los escritores que reunió la X, salieron poetas como Javier Payeras y Maurice Echeverría, quien ganó recientemente el Premio Mesoamericano de Poesía “Luis Cardoza y Aragón”. Dos poetas que luego retomó Catafixia Editorial, un esfuerzo nacido entre los poetas Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado, no solo para editar la poesía que se estaba produciendo en Guatemala a partir de 2010, sino además, propiciar un intercambio latinoamericano. Permitir que la poesía guatemalteca que abandonaba poco a poco el paisaje urbano para lanzarse de nuevo al intimismo y a la re visitación del mito que explora la fundación del país, saliera hacia países como México, Uruguay, Costa Rica, Argentina, entre otros y que la poesía de esos países llegará a Guatemala, en un ejercicio de interacción y enriquecimiento sin precedentes tan amplios. Catafixia se volcó además por una colección de rescate de ensayos que pretenden ser herramientas para comprender la historia de un país desmemoriado, y ha apostado por publicar poetas de la talla de Raúl Zurita, Antonio Gamoneda, Enrique Verástegui, entre otros. Una apuesta osada para un país que aún se niega a la memoria, que aún no es socialmente propicio para los libros, pero que en medio de todo no deja de producir voces limpias y sencillas, como las de Sabino Esteban y Rosa Cháves; o las que vuelven a la palabra desde la velocidad de los medios tecnológicos, como la de Martín Díaz Valdés; una voz reflexiva sobre el arte de crear en medio de una narrativa noir, como la de Carlos Meza; el canto existencial de Gabriel Woltke; el vértigo de Wingston González; la experimentación de Julio Serrano y Alejandro Marré; la ternura y el humor de Juan Pablo Dardón; y el espíritu contemplativo de Eduardo Villalobos y José Roberto Leonardo, entre otros que van trazando actualmente el presente de nuestra historia, esa que pretendo esbozar cada vez que me preguntan de dónde vengo.

Anuncios

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s