MI DAMA DE LA SOLEDAD

soledad 1Escribe:
Marco Tulio Monzón
Cuarenta Prosas Cuaresmales

                                                                                                        A Nuestra Señora de la Soledad
                                                                                                                  Templo de Santo Domingo

Tantos años he visto tu pálida figura, entristecida por el dolor que inmensamente traspasó tu corazón. Tantas veces te he visto salir a las calles, tras tu hijo muerto, llorando lágrimas de madre atormentada. Tantas veces… que sin embargo no me han conmovido para dejar de herir con mis culpas a tu Santo Varón.

Cuántas veces tus ojos llorosos y tristes me han visto, como pidiéndome compasión para que ya no aumente más con mis pecados, el dolor de Jesús. Cuántas veces tus lágrimas no me han mostrado todo ese cúmulo de sufrimiento que te duele al ver a tu hijo muerto y destrozado con tanta maldad.

Mi Señora, Te veo año con año, por las calles del dolor y el duelo, en fúnebre cortejo que en silencio acompaño, como queriendo esconder mi culpa, como deseando que mi voz no me delate, como niño que quiere ocultar su travesura ante el rigor de su madre, aún sabiendo que por amor le perdonará.

Madre Nuestra, somos culpables de la muerte de tu Hijo, pero cuando te vemos en las calles, nos damos cuenta de cuánta ternura y amor hay en tu alma, cuanto perdón se escapa de tu corazón siete veces herido, cuánta compasión hay para nosotros, tus hijos adoptados en la cruz, que no terminamos de entender el sacrificio de tu hijo celestial.

Y no termino de comprender por qué sigo con miedo a la condena, si estás Tú a mi lado, Tú, que eres mi Madre, y que es suficiente para que tu amor sea intercesor ante Dios Padre. Sé que el dolor que emana de tu corazón y se muestra en tu rostro, aún cuando yo lo he causado, solo te mueve a perdón y a petición nuevamente diciéndome entre tu llanto, “Haced lo que Él te mande”

soledad 2Mi Dama de la Soledad, llevando mi culpa a la cruz de tu Hijo, haciendo más dura la carga y más lúgubre su muerte, te digo que no estás sola, que aún con mis vestiduras sucias y rasgadas por mis faltas, te acompaño desde lo más profundo de mi ser, no pidiéndote compasión, sino ofreciéndote limpiar mi alma para que con ello yo me compadezca de ti, y me compadezca a través de la penitencia, de arrepentirme de mis culpas, de lavar y zurcir mis vestiduras, para que sea digno de verte a los ojos y decirte “Mea culpa”, me arrepiento, y tú me respondas, “No temas, Cristo y yo te amamos y te perdonamos”

Mi Dama de la Soledad, permite que este Viernes Santo, tu soledad esté acompañada por mi arrepentimiento, que será tu mayor consuelo. No permitas que me pierda en las tinieblas de la hora nona, sino que llévame junto a Cristo en el momento de la Resurrección.

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