¿LAS PROCESIONES SON BÍBLICAS? -2 de 6-

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Caminando sobre las aguas
San Pedro Sacatepéquez, San Marcos

En los primeros siglos de la era cristiana fue muy común ver reunidos a los cristianos, aun en tiempo de persecución, para llevar en procesión a los cuerpos de los mártires hasta el lugar de su sepulcro; así lo cuentan las Actas de los martirios de S. Cipriano y de otros muchos. Pronto los fieles comenzaron a acudir en peregrinación a visitar los Lugares Santos: Belén, Jerusalén, etc. (hay testimonios explícitos ya en el s. III)

Y también acudían de diversas partes a visitar, en Roma, los sepulcros de S. Pedro y S. Pablo, y los cementerios de los mártires; en Asia Menor, el de Santa Tecla; en Nola, el de S. Félix; y así un sinfín de lugares más. Tras la paz de Constantino surgieron otras formas procesionales. En Roma las procesiones de las ‘Estaciones’ donde el Papa celebraba la liturgia en las grandes solemnidades. En Jerusalén, la peregrina Eteria habla de cómo toda la comunidad, los días señalados (como el Domingo de Ramos, por ejemplo), marchaban en procesión a uno de los Lugares Santos (Calvario, Monte de los Olivos, etc.) para conmemorar un acontecimiento de la salvación y celebrar después la Eucaristía. Y así hay un sinnúmero de testimonios desde los primeros siglos cristianos de la costumbre de celebrar procesiones.

En la Edad Media continuó la práctica de celebrar procesiones públicas. Los protestantes atacaron fuertemente esta costumbre, por eso el Concilio de Trento aprobó tan laudable costumbre. Después de Trento, los papas han mandado celebrar en diversas ocasiones procesiones públicas.

En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 – 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo. Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de mejor (ir hacia adelante). La prohibición de las procesiones ha sido siempre uno de los episodios tristes y característicos de la lucha contra el cristianismo y la Iglesia.

procesiones 3

Foto 3 Procesión de Jesús Nazareno de La Dulce Mirada (Fotografía: FB oficial de La Hermandad de Santa Ana)

2.-OBJECIÓN PROTESTANTE:

Pese a todo esto encontramos en los protestantes un gran rechazo a esta práctica. Ellos como siempre creyéndose se basan en las Escrituras afirman que este hecho es condenado por la Biblia:

25 Al no tener pies, son llevados a hombros, exhibiendo así a los hombres su propia ignominia; y quedan también en vergüenza sus servidores, porque si aquéllos llegan a caer en tierra, tienen que ser levantados por ellos.26 Si se les pone en pie, no pueden moverse por sí mismos; si se les tumba, no logran enderezarse solos; como a muertos, se les presentan las ofrendas.27 Sus víctimas las venden los sacerdotes y sacan provecho de ellas; también sus mujeres ponen una parte en conserva, sin repartir nada al pobre ni al enfermo; y las mujeres que acaban de dar a luz y las que están en estado de impureza tocan sus víctimas.

28 Conociendo, pues, por todo esto que no son dioses, no les temáis.29 ¿Cómo, en efecto, podrían llamarse dioses? Son mujeres las que presentan ofrendas ante estos dioses de plata, oro y madera.30 Y en sus templos los sacerdotes se están sentados, con las túnicas desgarradas, las cabezas y las barbas rapadas y la cabeza descubierta;31 y vocean chillando delante de sus dioses como hacen algunos en un banquete fúnebre.32 Los sacerdotes les quitan la vestimenta para vestir a sus mujeres y sus hijos.33 Si alguien les hace daño o favor, no pueden darle su merecido. Ni pueden poner ni quitar rey.

34 Tampoco son capaces de dar ni riquezas ni dinero. Si alguien les hace un voto y no lo cumple, no le piden cuentas.35 Jamás libran a un hombre de la muerte, ni arrancan al débil de las manos del poderoso.36 No pueden devolver la vista al ciego, ni liberar al hombre que se halla en necesidad.37 No tienen piedad de la viuda ni hacen bien al huérfano.38 A los peñasos sacados del monte se parecen esos maderos recubiertos de oro y plata, y sus servidores quedan en vergüenza.39 ¿Cómo, pues, se puede creer o afirmar que son dioses? Baruc 6:25-39

A lo cual la Respuesta Católica es:

Aquí se nos habla de ídolos, que se les rinde culto de adoración y se llevan a hombros, son ídolos de dioses falsos, que el pueblo cree tienen poderes, pero no se habla de una procesión como las de la Iglesia Católica.

La sátira es sangrienta y despiadada: los ídolos, vestidos por sus devotos, carcomidos por la polilla, tienen que ser limpiados, y, a pesar de llevar un cetro o arma en su mano, no pueden defenderse contra los ladrones. En efecto, el dios de la tempestad, Hadad, tenía en sus manos un “hacha.

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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