Imágenes al Natural: Las Esculturas Religiosas del Museo Nacional -1 de 3-

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Jesús del Pensamiento

Escrito por:
Gabriela Villalobos.
Historiadora,
Museo Nacional Costa Rica

Semana Santa es la época por excelencia para ver en sus mejores galas a las principales imágenes de arte religioso de las iglesias católicas. Las más apreciadas desde el punto de vista artístico y patrimonial son las imágenes realizadas en madera, pues a pesar de seguir rigurosos cánones de carácter iconográfico, son obras singulares donde se ve la maestría del imaginero que las esculpió, tanto en fineza de los detalles, la calidad de la policromía, del dorado y de la encarnación, así como en la expresividad del rostro y la mirada, y  en ocasiones hasta en el movimiento y volumen de las telas de las vestimentas.

Algunas imágenes que vemos en las procesiones datan de la época colonial y provienen sobre todo de los talleres imagineros de Guatemala; otras son del siglo XIX e inicios del siglo XX, cuando estuvo cada vez más presente la producción imaginera de artistas locales, como el caso de Lico Rodríguez (1833-1901), Serapio Ramos (1835-1909), Miguel Ramos (1856-1933),  José Valerio (1862-1946), José Dolores Zamora (1864-1917), Manuel María Zúñiga (1890-1979), Juan Rafael Chacón (1894-1982) y José Rigoberto Zamora (1902-1976), solo para mencionar a algunos. De algunos de estos imagineros el Museo Nacional resguarda obras.Santos2

Después de que el Museo Nacional de Costa Rica se instalara en el Cuartel Bellavista en la década de 1950, miembros de la Junta Administrativa y de la Asociación de Amigos del Museo realizaron una intensa recolección de esculturas, pinturas, ornamentos y vestuario religioso, con el fin de que fueran parte de las exhibiciones de arte religioso del Museo de esos años, bienes que desde hace tiempo se tiene proyectado que formen parte de una nueva Sala de Religiosidad, la cual es constantemente solicitada por el público, no solo por su valor cultural antropológico, sino por su valor artístico y patrimonial. La historia del arte costarricense inicia con la producción imaginera local, algo que no necesariamente es visibilizado por muchos estudiosos del tema, en parte porque la obra de estos escultores es vista como un producto artesanal y no como una obra de arte singular propia de los artistas modernos. Sin embargo, muchos de los primeros escultores modernos dieron sus primeros pasos en los talleres de imaginería locales.

Si bien es cierto que en las procesiones de Semana Santa lo que sobresale es el fervor religioso alrededor de las imágenes; en las colecciones del Museo el punto de vista es otro, pues las mismas son tratadas como bienes patrimoniales y como obras artísticas.  Eso significa que podemos analizarlas más al “natural”, pues estudiamos minuciosamente sus técnicas de elaboración para conocerlas como obras arte, pero también para tomar las mejores decisiones sobre su conservación y restauración. Por ejemplo, para efectos de conservación, les quitamos las pelucas y la vestimenta, y las dejamos en “paños menores”, algo que solo algunos elegidos en las iglesias han podido ver cuando le cambian con la mayor discreción fuera de los ojos de la feligresía el traje a los Nazarenos o a las Vírgenes.

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