NAVIDAD EN SANTA ANA HUISTA (fragmento)

SAM_8513.JPGEscribe:
Elder Exvedi Morales
Escritor y teatrista

Cuentan los ancianos que la costumbre de confeccionar nacimientos fue traída a Guatemala por los franciscanos y que los primeros religiosos en llegar a Santa Ana Huista la llevaron; esto sucedió probablemente a mediados del siglo XVI.
Asimismo, narran que los primeros nacimientos que se elaboraron en el pueblo, se fabricaron dentro de la iglesia católica.
La costumbre de hacer nacimientos dentro de las casas particulares debió extenderse en el siglo XVIII, según la tradición oral del municipio. Al hermano Pedro de Betancourt se debe la costumbre de poner en el nacimiento frutas de la estación y la de sacar las posadas.
Los nacimientos con sus personajes, objetos, animales, ranchos de paja, casitas de cartón, pastores, melocotones, limas, naranjas y guineos, hacían más extraordinaria la festividad. Hojas de pacaya, rosarios de manzanilla, pascuas de montaña, emanaban su perfume penetrante.

La próxima noche, a la misma hora, de la casa que ya recibió la primera posada, sale a la segunda, y así sucesivamente, se repite.

Como siempre, se realizaron nueve posadas. La novena posada fue en casa del marimbista Crisanto Méndez, integrante de la marimba de sones, cuyo propietario era su señor padre. A la citada marimba le llamaban “La marimba de los Cashpares”.
Volviendo a la tarima, se colocó musgo, arena blanca, la cual es extraída en el camino que de Huista conduce a Monajil; vidrios, casitas, muñequitos, y todo lo necesario para figurar la aldea de Belén.
-Gracias a la ayuda de Arnoldito, la comadre Luva y yo, arreglamos bien-, decía doña Ester, refiriéndose al joven, hijo de doña Eluvia, que ella y su esposo Miguel Ángel Taracena habían adoptado como hijo, y quien falleció en una triste madrugada a causa de un infarto, cuando se disponía viajar a Huehuetenango donde estudiaba magisterio.
“En casi todos los hogares se hicieron ostentosos nacimientos. Mencionamos a doña Carmen Matamoros, Juan Bautista Escobedo, Natividad Morales, Ismael Escobedo, Cristóbal Peláez y, por supuesto, tío Chema. Ahí estaba la virgen amamantando al Niño Dios, bajo la sombra de una ceiba. Todo estaba adornado y con un penetrante y agradable olor a pino fresco, a musgo y a incienso que era quemado. Los senderos de la aldea se simulaban con arena blanca. Cerros de formas curiosas, formando cuevas. Ramas llenas de racimos de negras bayas de las que conocemos como una silvestre; hojas de pacaya, plantas de guineo en las esquinas. Guacales con agua, simulando estanques, pozos en que nadaban ranas, pescaditos y tepocates”, escribió años después Juan de Dios, con indudable nostalgia.

Veamos un poco más de historia…
Según varias fuentes, San Francisco se dispuso a celebrar en el castro de Greccio, con la mayor solemnidad posible, la memoria del nacimiento del Niño Jesús a fin de provocar una inmensa devoción en los fieles. En su viaje a Belén, en 1220, quedó asombrado por la manera en que se celebraba allí la Navidad. Entonces, cuando regresó a Italia, en 1223, le pidió autorización al papa Honorio III para representar el nacimiento de Jesús con un pesebre viviente.
Un 24 de diciembre llegó a la ermita de Greccio, donde ya con la autorización del papa Honorio III, San Francisco construyó una casita muy humilde de paja y madera, a la que llevó un burro y una vaca que pidió prestados a unos vecinos del lugar, además invitó a otros vecinos a ser pastores.
Esa misma noche, San Francisco celebró la liturgia y recordó el nacimiento de Jesús en el humilde portal de Belén.
La representación de aquella noche se divulgó por Italia. A fines del siglo XV, los napolitanos construyeron los primeros pesebres con figuras de barro, en las que aparecían San José, la Virgen María y el Niño Jesús con algunos animales de corral y pastorcitos.
Cuentan que en Guatemala el Hermano Pedro fue quien introdujo la tradición de los Nacimientos, la cual marca el inicio de la Navidad. En aquel entonces, su intención fue para alegrar a los niños a quienes les enseñaba a leer y escribir.
FUENTE: Huista: Un viaje a través del tiempo. Elder Exvedi Morales Mérida. Diciembre de 1995.

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