La libertad y el teatro -3 de 3-

teatroPor
José Monleón
CELCIT
Colaboración para la
Red Nacional de Gestores Culturales

Durante años en Valencia fui estudiante de una facultad de derecho donde sólo unos pocos se interrogaban sobre la historia política. Me afectaron las “aperturas” y “retrocesos” del franquismo en Madrid como redactor de “Triunfo”, entre personas que nos hacíamos preguntas y procurábamos responderlas con la cautela impuesta por las circunstancias.

Cautela que era casi siempre un recurso para poder seguir y no ser condenados al silencio. Fui uno de los muchos españoles que recibió la democracia con entusiasmo e ingenuidad. He participado en los retrocesos, decepciones y esperanzas que ha vivido nuestro país desde entonces. Y, por supuesto, me he preguntado, durante la anterior legislatura, cómo proseguir una reflexión, teatral y política, sin gestualismos, atento a ese camino descubierto paso a paso, con el curso de los acontecimientos, y que, pongamos por caso, chocaba con el radicalismo religioso o la Guerra de Irak. A lo largo de todos esos años he aprendido que la “libertad” es una exigencia irrenunciable y responsable, que se mueve en realidades precisas, que, en ningún caso, deben operar como una “provocación” para guiar y empobrecer nuestra propia reflexión. 

De todos los sentimientos depositados en el ser humano – como individuo y como ser social – quizá el temor ocupa el primer lugar, de donde emerge un deseo de liberación que, a mi modo de ver, no se corresponde con la libertad. El “acto liberador” se cumple con la rebelión puntual contra el origen del temor y está en la raíz de todas las revoluciones populares. La libertad, en cambio, implicaría la construcción de una conciencia que establece sus metas y sus caminos, en conexión con el ámbito social y las posibilidades personales. La liberación, la denuncia, la manifestación, pueden reducirse a mero gesto si no se encuadran en el ejercicio, continuado y coherente, de la libertad, en el interior concreto e histórico de la sociedad correspondiente.
Ser libre frente a los que han hecho de un determinado ejercicio de la libertad una consigna es parte de la confrontación con quienes la niegan. Y es en un espacio común, atento a nuestra singularidad y a la de los demás, donde, a mi modo de ver, se alza la construcción de lo que Touraine llamaba el “sujeto democrático”, que no es otra cosa que “vivir con los demás”, próximos o distintos, compartir la vida como un bien común, construyendo juntos la norma de justicia y convivencia, es decir, la “cultura democrática”. Dado que esa realidad está lejos del mundo contemporáneo, se plantea el modo de cómo afirmarla, según el lugar y la circunstancia. En nuestro caso, desde la España de hoy, en el mundo del arte, de las ideas y de los comportamientos…

 

Anuncios

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s