La dieta de la sociedad maya prehispánica -2 de 3-

dieta-1Por
José Luis Escobar
Revista D
Prensa Libre
Guatemala, C. A.

Élite: Götz se interesó mucho en la Zooarqueología y publicó asiduamente al respecto, en especial acerca de trabajos hechos en las Tierras Bajas del Norte (Yucatán) y Tierras Bajas del Centro (Petén y áreas aledañas de Mesoamérica).  En su taller del 2013 incluyó estudios de algunas ciudades de las Tierras Altas (altiplano guatemalteco). Compiló la información de 24 sitios: Uaymil, Sihó, Xcambó, Dzibilchaltún, Ek Balam, Chichén Itzá, Mayapán, Yaxuná, Champotón, Cuello, Colhá, Calakmul, El Mirador, Nakbé, Uxactún, Tikal, Piedras Negras, Caracol, Ceibal, Aguateca, Zaculeu, Kaminaljuyú, Urías y Copán.

Los hallazgos que estudió pertenecen a los períodos Preclásico y Clásico, aproximadamente del 800 a.C al 1050 d.C, y algunos del Posclásico, alrededor del 1050 y 1500 de nuestra era. Explica en su documento que la mayoría del material arqueofaunístico al que se refiere está “asociado con actividades de la llamada élite maya precolombina, ya que muchas intervenciones arqueológicas se centran en las grandes y llamativas estructuras pétreas. No han sido muy frecuentes hasta la fecha excavaciones en estructuras de otros estratos sociales que no formaron parte de la élite, y por lo tanto han revelado pocos elementos arqueofaunísticos, por lo que existe un menor conocimiento respecto al uso que dichos grupos de la sociedad maya prehispánica hacían de los animales”.

A partir de la evidencia ósea y apoyada con trabajo de otros colegas, el antropólogo alemán encontró que los venados y los perros fueron las principales fuentes cárnicas.

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En los maizales se cazaba con frecuencia a los venados. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).

Venados

El ejemplar de cola blanca “aparenta haber sido una fuente muy importante de alimento”, pues está presente “en todos los sitios tierra adentro del territorio maya y Mesoamérica en general”, indica Götz acerca de este rumiante endémico del continente americano desde el centro-norte de Estados Unidos hasta el norte de Sudamérica. “Se evidencia la abundante presencia de restos de estos cérvidos, mayormente de las partes carnosas del cuerpo, en contextos domésticos, tanto en Petén como en el altiplano y las Tierras Bajas centrales, desde el Preclásico hasta el Clásico terminal”. Los venados, dice, eran relativamente abundantes en todas las regiones, ya que el bosque secundario y las áreas de milpas constituyeron su hábitat preferido, e insinúa que pudo haber existido un manejo en cautiverio. “Fueron apreciados por los estratos gobernantes y por los campesinos y trabajadores de los asentamientos mayas”.

La imagen de portada de esta edición, así como la fotografía principal de esta nota, es  un venado; está tallado en un vaso hallado en la costa Sur de Guatemala que pertenece al periodo Clásico Tardío. La escena representa a un cazador atrapando a uno de estos mamíferos.

“El vínculo entre los hallazgos zooarqueológicos del período Clásico, la divinidad vista en los venados por grupos mayas durante la conquista española en Petén y las representaciones en códices posclásicos de las Tierras Bajas del norte muestran igualmente la amplia distribución del consumo y uso ritual de estos animales”, menciona Götz.

Agrega que las extremidades traseras están “notablemente ausentes en los contextos alimenticios de las residencias de élite”, pues “fueron ofrendadas para los dioses, tal como parece mostrarse en el Códice de Dresde”. La ausencia de estos restos podría responder también a que se usaban para la elaboración de artefactos e incluso a que fueron depositados en los alrededores del Lago de Atitlán por los cazadores, en rituales de petición.

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Un can representado en medio de una procesión. (Foto: FAMSI / Justin Kerr).

Perros

El segundo animal con mayor presencia en el área investigada por Götz fue el perro. “Estuvo distribuido en toda Mesoamérica y desde el período Preclásico se le utilizó para la alimentación y rituales. Su frecuente presencia en basureros también podría indicar que compartió los espacios domésticos con los humanos”.

Götz considera que  hubo una mayor frecuencia de canes en las Tierras Bajas del norte y en la parte central del altiplano, así como en las costas y, sobre todo, en las pequeñas islas. “Fue el único mamífero domesticado en Mesoamérica y morador común asociado a las viviendas humanas con aprovechamiento de desechos y materias primas, posiblemente no pudo mantenerse en áreas de sustento difícil, como en las islas pequeñas, con poco espacio y reducido acceso al agua. Pero en  islas grandes, como en Cozumel, la frecuencia de perros parece haber sido semejante a la de sitios tierra adentro”.

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