El síndrome de Ixcanul: ¿entre realidad y película? – Parte II

ixcanulPor:
Sandra Xinico Batz
Diario La Hora
Guatemala, C. A.

¿Por qué reaccionar ante la película? Porque en las misma palabras del autor, Ixcanul se basa en la historia real de una mujer que él mismo conoció. El cineasta aclara en distintas entrevistas que su película es una historia (particular) y no un material étnico, pero uno de sus principales éxitos (casi el más importante) ha sido mostrar la “vida indígena”: prácticas de la cosmovisión maya, relación con la naturaleza, el trabajo de la tierra, la indumentaria y el idioma, prácticas culturales. ¿Hubiese tenido la película el mismo repunte sin la base indígena que utiliza? Claro, aceptar que la “cultura maya” fue el pilar fundamental sobre el que se rige su material le implicaría una gran responsabilidad en un país tan racista y desigual como Guatemala.

En mi opinión, esto es una contradicción y es lo que me motiva a escribir al respecto, porque considero que hablar de historias reales conlleva una gran responsabilidad que no se puede omitir, pues descontextualizarlas da la sensación de que se busca lucrar sobre una realidad cruda que atormenta a los pueblos: el racismo, algo que no identificamos (o reconocemos) en la película porque aparentemente es solo una historia individual que evade profundizar en las mismas escenas que muestra: el trabajo esclavo en las fincas de café, por ejemplo, o el sistema monolingüe hegemónico (del español) que se impone sobre las otras 24 culturas que existen en este país.

La vida “rural” que se muestra se relaciona con la pobreza y no se dimensiona como otra forma de vivir o de concebir la vida misma. Una forma de vivir que no se basa en el cemento y la destrucción del entorno natural y que miles de mayas defienden día a día para que no sea destruido por las industrias extractivas como la minería, el monocultivo y la hidroeléctrica. Para nuestra forma “chapina” de ver, esto es subdesarrollo y esto justifica el encarcelamiento y asesinato de decenas de líderes y lideresas mayas que han defendido el territorio de los pueblos.

Además del machismo y la “pobreza” que imperan en el “drama”, la atención no se ha concentrado en escenas que considero hubiesen podido motivar de manera fuerte el debate, como por ejemplo la escena en que hombres y mujeres cantan en kaqchikel mientras cortan café en una finca, escena que me hizo recordar un par de películas del pueblo afroamericano en Estados Unidos quienes siendo esclavos en las fincas de algodón cantaban mientras recolectaban e iban cayendo muertos entre los surcos, como una forma de desahogar la muerte en vida como implica la esclavitud, algo que debería cachetearnos ya que en Guatemala esta es la realidad de miles de mayas esclavos actualmente en las fincas de caña, de palma africana, cuyas comunidades han quedado encerradas entre extensiones de cultivos que parecen infinitas. Durante La Colonia, por ejemplo, las mujeres mayas fueron esclavizadas al trabajo del cultivo de algodón e hilado, que luego tejían y bordaban para satisfacer la demanda española que saqueaba nuestros textiles.

 

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