LOS ACTORES SIEMPRE DICEN LA VERDAD

actores.jpgPor
Ana Istarú
La Nación, Costa Rica
Compartido para la
Red Nacional de Gestores Culturales

Tengo una amiga. Cumplió 70 años este 14 de febrero. Eso a nadie le incumbe. Salvo quizás a algunos de nosotros, porque pasó por Costa Rica. Ahora lucha testaruda y fuerte contra la enfermedad en un departamento en Buenos Aires.

Nos eligió para su exilio hace ya varias décadas y pagó su estancia con sabiduría y rigor. Eva Sterposo, profesora de actuación, argentina, miembro fundador y sostén ineludible del Moderno Teatro de Muñecos, fue para nosotros madre involuntaria y maestra imprescindible.

Eso a nadie le incumbe. Salvo, quizás, a algunos de los que hoy intentamos todavía atravesar el escenario sin perder el equilibrio, luchando por no sucumbir a la futilidad, aferrados a su mandato sagrado de respeto por las tablas, convencidos aún de que sobre ellas algo se puede decir, algo se debe decir, algo se puede cambiar. Que en el teatro no hay goce estético sin propuesta ética, que lo bello sin lo bueno no lo es, que este mundo puede ser un mejor mundo y que el arte, si es verdadero, debe conducirnos a él.

Eva Sterposo, profesora de actuación, argentina, formó, no solo informó. Nos enseñó a actuar en el escenario y fuera del escenario. A preferir el esfuerzo a la tentación, la disciplina a la desidia, el compromiso a la indiferencia. Ojalá hubieran asistido a sus clases quienes escriben la historia patria.

No toleró que sus alumnos, deslumbrados por el oro fácil de un estrellato precoz, se rompieran la crisma aceptando papeles sin dominar el oficio. No toleró la mentira en escena: los buenos actores siempre dicen la verdad, porque sacan del cofre personal de su dolor o su alegría la sangre que levanta al personaje y le da vida.

Poco antes de su regreso al sur natal, luchó con ex-alumnos por hacer de aquel Teatro La Colina una sala donde otro tipo de teatro pudiera ver la luz.

Con ella aprendimos a actuar y a quererla, entre otros, Melvin Méndez, Manuel Ruiz, María Torres, nuestra recordada Xinia Sánchez. Fue en sus clases exigente, severa y amorosa, a pesar de su terror por las manifestaciones de afecto.

Nunca humilló. Nunca mintió. Nunca frustró. Nunca nos ha defraudado.

No tendrá placas ni homenajes; y de su trabajo por hacer de este país un sitio mejor sólo sabremos unos cuantos.

Pero no importa. Por algo escribo este artículo. Porque sé que en un departamento en Buenos Aires alguien hay que no renuncia a sus principios, sigue creyendo que el arte es norte y faro, que se le puede ofrendar la vida, y que no existe más camino que el rigor.

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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