Las interacciones en la profesionalización en gestión cultural -1 de 4-

SAM_1248Por:
Alfons Martinell Sempere
Director de la Cátedra UNESCO
“Políticas Culturales y Cooperación”
Universidad de Girona
Compartido para la
Red Nacional de Gestores Culturales

El proceso  de profesionalización en el ámbito de la gestión cultural presenta la posibilidad de identificar unas particularidades de la cooperación cultural iberoamericana. Desde realidades y situaciones  muy diversas  se ha ido construyendo un campo de intercambios y cooperación con un gran impacto en los profesionales de la cultura de las dos orillas. Quizás podemos afirmar que la situación actual es la historia de una relación  fructífera e interdependiente  mucho más allá de nuestra  propia  percepción. 

A lo largo de este artículo pretendemos presentar algunos hechos poco estudiados que evidencian una gran influencia mutua en la reflexión sobre la gestión cultural, los procesos de profesionalización y el diseño de políticas culturales nacionales y locales, que a veces no se percibe con suficiente claridad.

La preocupación  por las políticas y la gestión cultural en España y Portugal emerge  en la década de los ochenta, en el marco de la democratización  y del proceso de incorporación de nuevos países del sur en la Comisión Europea. En plena instauración de la democracia los nuevos ayuntamientos  surgidos  de las primeras elecciones de 1979, después de una larga dictadura, son los motores para poner en marcha unas nuevas políticas en respuesta a unas reclamaciones culturales de la sociedad.

Después de tantos años de dificultades de expresión y participación en la vida cultural, una efervescencia  de los agentes  culturales, que tuvieron un gran protagonismo en los últimos años de la dictadura, se convierte en un gran capital político de reconstrucción democrática. Recuperar el espacio público, la memoria colectiva local negada, reconquistar edificios y equipamientos  sustraídos  a los grupos  sociales, dignificar el papel de los creadores  y abrir las puertas a una nueva vida cultural en libertad, fueron los grandes objetivos de una sociedad cultural maltratada.

En este camino las autoridades  locales coincidieron, y encontraron  un gran respaldo con la sociedad  civil cultural de su entorno, que adquirió un protagonismo político importante.  Más tarde,  en aplicación del mandato constitucional, los traspasos de competencias de cultura a las comunidades autónomas (regiones) señaló un nuevo mapa de la gestión de la cultura descentralizada   en España. (En este tema de la descentralización  y las relaciones  entre cultura   y  territorio   tuvo mucha influencia la obra BASSAND, M., (1992): Cultura y regiones  de Europa, Barcelona, Oikos-Tau, que es el fruto de un estudio  realizado  para el Consejo de Europa)

Estos hechos abrieron las perspectivas de la realidad cultural española  con un crecimiento constante de la institucionalidad pública (principalmente  local y regional), que exigió una gran incorporación  de capital  humano  y el consecuente  proceso  de profesionalización.  Simultáneamente las evoluciones en la instauración de nuevas políticas públicas para la cultura, estimularon la búsqueda de referentes o modelos en el diseño de sus contenidos y formas de organización. Una primera mirada a Europa, por proximidad,  permitió  apreciar  las diferencias    y desigualdades de un proceso europeo, iniciado, por estos países, después de la segunda guerra mundial, y liderado  básicamente  por Francia y Gran Bretaña. 

En este sentido, el objetivo de recuperar el tiempo  perdido  y aproximarse  al espacio europeo orientó los fines de las políticas culturales en España durante unos años. De la misma forma se observó que esta realidad europea disponía de una gran variedad de profesionales que actuaban en el campo de la cultura más allá de las funciones clásicas (patrimonio, bibliotecas, archivos, etc.), principalmente en las nuevas  políticas públicas  de democratización cultural y la novedad de situar las políticas culturales territoriales a nivel local y regional  como eje de desarrollo e integración.

Esta búsqueda de referentes se canalizó a partir de visitas a diferentes países, participación en encuentros  técnicos, inicio de procesos de cooperación y de entrar  en la gestión  de proyectos europeos. Un referente muy importante para la gestión cultural de nuestro país se recibió de las orientaciones surgidas en la División de Políticas Culturales del Consejo de Europa, (Es importante  recordar el papel del Consejo de Europa como organismo que asesoró en los procesos de democratización y con aportes a nuevos marcos de referencia en el campo de las políticas culturales. No podemos olvidar lo programas cultura  y ciudad  o cultura  y región que en sus reflexiones coincidían con los problemas reales de los gestores culturales muy preocupados por las políticas culturales territoriales en Ayuntamientos, Provincias y Comunidades Autónomas), el contacto con organismos multilaterales como UNESCO (La influencia de los resultados de la conferencia de Mundicult  1982 que se concretó  con la Declaración de México sobre Políticas Culturales son muy evidentes en este puente entre la realidad peninsular   y sus influencias en América Latina) y el estudio de modelos en diferentes países europeos que pudiera adaptarse a la realidad española.

Estas contribuciones proponían  un nuevo marco de acción para la cultura  partir de:

  • Proponer la formulación de políticas culturales en el marco de las políticas públicas del estado de bienestar.
  • Definir un nuevo rol para el Estado en el campo de la cultura ante los principios de la democracia cultural y la democratización de la cultura. Y el reconocimiento de un sector cultural privado muy importante.
  • Capacitación de los gestores/administradores de la cultura como demanda de un gran colectivo de profesionales incorporados en estas misiones sin formación especializada.
  • Incorporar la dimensión de desarrollo de la cultura a nivel local y nacional.  Con una nueva forma de entender la cultura desde la descentralización y el reconocimiento de la pluralidad cultural dentro del Estado.
  • Inicio de una preocupación por una reflexión más amplia sobre la protección de la diversidad cultural y  por las relaciones entre cultura  y  desarrollo   por parte de UNESCO que  se concretó en el decenio del desarrollo cultural que concluyó con la presentación del informe final “Nuestra diversidad creativa” (1996).

En este contexto europeo se iniciaron unas dinámicas de profundización del campo de las políticas culturales de acuerdo con el modelo político de la España democrática, pero también desde la distancia,  y “atraso”, de nuestra realidad cultural como resultado del aislamiento durante el periodo franquista.

 

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