Un viaje por la poesía, desde Aguacatán

 

quique noriegaPor:
Enrique Noriega
Poeta y escritor
Colaboración especial para la
Red Nacional de Gestores Culturales

La semana pasada, del 13 al 16 de julio, asistí al III FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE AGUACATÁN, en un viaje de trabajo que no fue tal, sino una nueva oportunidad para conocer más a fondo la vasta realidad cultural de nuestro país. Me invitaron en mi calidad de poeta y, asimismo, en la de Presidente del Consejo Nacional del Libro y de Director de la Unidad de Fomento del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura y Deportes.

Cuesta creer que un evento de esta envergadura, con asistencia de poetas de Guatemala, El Salvador, México y la República Dominicana, se haya realizado en el municipio de Aguacatán, Huehuetenango, como producto del esfuerzo de una pequeña agrupación de amantes de las letras (Club Literario Macondo) y que hayan sido correspondidos con el apoyo de negocios locales, la municipalidad y colegios privados. Admira cómo cada quien, en la medida de sus posibilidades, aportó algo para que durante cuatro días la poesía fuera una fiesta del espíritu en el pueblo. Naturalmente que esfuerzos como éste le demustran a uno que en la Guatemala profunda hay ejemplo de emprendimiento y potencial para cambios aún más atrevidos.

Realicé un viaje de 350 kilómetros por carreteras de variada calidad y algunas en situación de vergonzoso descuido. Pero, y hasta en eso hay que aprender de los aguacatecos que rellenan los hoyos de sus carreteras con tierra, en vez de dejarlos a la buena del Señor, para que la lluvia los termine de empeorar. Por ahí empieza uno a darse cuenta de lo especial que son los aguacatecos gracias a sus valores comunitarios.

Fueron cuatro días de actividad permanente, en los que hasta el espacio de turismo fue aprovechado para la convivencia entre poetas y estudiantes. Sobra decir que los eventos se desarrollaron con toda puntualidad y respetable asistencia. Naturalmente, la actividad básica fue la lectura, pero estas lecturas fueron acompañadas por el intercambio de experiencias, para que los asistentes tuvieran noción de las particularidades del oficio de la escritura.

En lo personal, además de las lecturas, desarrollé un taller de poesía y tuve la oportunidad de ofrecer una charla a estudiantes del nivel universitario de la jornada sabatina, respecto al canon de la poesía guatemalteca desde su inicio al presente. Hice énfasis especial en la importancia que tiene nuestra raíz mesoamericana en el desarrollo posterior, ante todo a partir de autores como Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón y Francisco Méndez.

No está de más recordar que en Aguacatán, al pie de la montaña de Chex, se encuentra el nacimiento del Río San Juan y también el del Río Blanco Chiquito, que luego, más adelante, y enriquecido por otros afluentes, vienen a ser el Río Negro o Chixoy. No todos los días uno tiene el privilegio de ver el nacimiento de un río, ni de atreverse a tomar unos tragos de agua de manera directa, lo que en la Guatemala de hoy, en otros ríos, viene a ser un verdadero suicidio.

Aguacatán es un pueblo que posee historia en las montañas que lo circundan, en sus montículos prehispánicos, en sus iglesias y centros ceremoniales, en sus tradiciones ancestrales y cristianas, en sus danzas, en sus trajes, en sus plantas medicinales y comestibles.

Como parte de las actividades se nos invitó a leer en la radio local, situada a un costado de la iglesia. En el patio, arrumbadas, pude ver unas piedras cúbicas labradas que —luego me explicaron— eran sobrantes de las que se utilizaron para la construcción de la iglesia (la pequeña, la antigua; porque a pocos pasos de ésta se encuentra la grande, la nueva). Y sobre esas piedras, oculta por plantas ornamentales, pude ver la cabeza de un jaguar, emblema de los chalchitecos, del mismo material que las otras. Piedras que provienen del templo prehispánico desmantelado. También, a un costado de la iglesia chiquita pude apreciar lo que los locales nombran como “la caja”, que —dicen ellos— proviene del templo prehispánico. Es una pieza de aproximadamente un metro veinte de alto, por metro y medio de largo y un metro de ancho. La cubre una tapadera echa de tablones para evitar que se deposite basura en su interior.

Aguacatán, lamentablemente, no cuenta con un museo que resguarde estas valiosas piezas prehispánicas  y habría que pensar que el Estado debe asumir su responsabilidad al respecto, toda vez que los aguacatecos lo han solicitado en diferentes oportunidades. Pero no sólo las piezas que menciono, también sus tejidos, instrumentos, tradiciones, leyendas, composición de grupos y su historia: antigüedad y presente.

Anuncios

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s