En defensa de la lectura

lectura

fotoarte Víctor Matamoros > El periódico

Por
Jorge Mario Rodríguez
elPeriódico
Guatemala, C. A.

Se dice que poco tiempo antes de morir, Nicolás Maquiavelo tuvo un sueño en el cual se encontró a dos grupos: una multitud de gente andrajosa, de rostro sufriente, y un grupo de personas de talante grave que discutían temas de política; entre estos, el genial florentino acertó a identificar a Platón y Plutarco. El primer grupo se dirigía al cielo y el segundo al infierno. Maquiavelo comentó a sus interlocutores que prefería ir al infierno, que morirse de aburrimiento en el cielo. Nada extraño para un autor que se vestía con sus mejores galas cuando se disponía a leer a sus autores favoritos.

Estas anécdotas reflejan una de las grandes riquezas de la lectura. Los libros tejen una relación entre el horizonte del presente y las enseñanzas y experiencias del pasado. El texto del cardenal Besarión, recogido en el necesario libro de Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil, expresa esta verdad con gran belleza: si los libros no existiesen, entonces “la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memoria de los hombres”.

La lectura hace posible un viaje en el que el espacio y el tiempo se recorren a la velocidad de la iluminación comprensiva; a través de esta, trascendemos, aunque nunca completamente, el aquí y el ahora. Es famosa la clase en la que Emmanuel Kant ofreció una descripción tan minuciosa del recorrido del Támesis, que un estudiante inglés se ofreció a recibirlo cuando viajase de nuevo a Inglaterra. El joven se sorprendió cuando supo Kant nunca se había alejado de su natal Könisberg.

En realidad, la comprensión de uno mismo se dificulta si no se viaja fuera del propio ser, si no se busca el encuentro con el otro. En este sentido, el desaparecido filósofo francés Ricoeur nos hizo ver que el ser humano nunca es transparente a sí mismo; la comprensión del propio ser solo puede darse cuando se viaja a través de los frutos de la cultura. Por esta razón, la lectura es el mejor antídoto contra los prejuicios. Impide la cosificación del ser humano, en virtud que muestra que somos un proyecto en transformación y no una realidad inmutable.

Ya se ha dicho que la conciencia supone un diálogo con uno mismo. En ese sentido, la lectura es siempre una oportunidad de expandir este diálogo, de enriquecer el propio ser. En este proceso, las mismas fronteras disciplinares se difuminan: un texto literario comporta una invitación a ver el mundo desde otra perspectiva, de hecho, a viajar por otros mundos. Albert Camus hablaba de que la novela es una obra filosófica expresada en imágenes.

En el contexto de la crisis que vive la sociedad guatemalteca, conviene recordar el potencial emancipador de la lectura. La tarea de construir los cimientos de una comunidad digna demanda una sociedad lectora, vale decir, una colectividad reflexiva. Promover la lectura es un acto político en un tiempo en el que el pensamiento crítico quiere ser anulado por un individualismo, que se subordina a la utilidad mensurable en metálico. Una comunidad que ha perdido el sentido de la lectura no puede comprenderse a sí misma y, por tanto, no puede plantearse el problema de su destino.

La lectura es praxis de la imaginación y disciplina del pensamiento. La gratificación inmediata, la eterna repetición del juego electrónico, la caja bobalicona, no fomentan el ejercicio imaginativo cuyos frutos, organizados por la disciplina del pensamiento, pueden ayudarnos a configurar una sociedad más humana. Se desprende que una colectividad se acerca a una genuina vida democrática en la medida en que se compromete más con la lectura.

La bondad política de la lectura se evidencia en diversos momentos de la historia. Quizás ninguna experiencia lo demuestre de manera tan categórica como el ejemplo de la España musulmana. La ciudad luminosa de Córdoba llegó a albergar más de 400 mil volúmenes. Este fenómeno hizo posible uno de los diálogos más fecundos de los que la humanidad tenga memoria. Más allá de la conciencia de la tolerancia intercultural y el respeto del otro, esa maravillosa experiencia de lectura y traducción, compartida entre cristianos, musulmanes y judíos, hizo posible la reintroducción del pensamiento griego en los cauces de la filosofía europea.

Es claro, pues, que la salida a la crisis ciudadana actual demanda promover la lectura en nuestro país. De manera colectiva desmintamos lo que alguna vez le escribió Bernal Díaz del Castillo al monarca español: que en Guatemala “los libros se pudren más de húmedos que de usados”.

Una de las maneras en que se puede reafirmar el compromiso ciudadano es asistir a Filgua 2016, evento que se llevará a cabo en el Parque de la Industria, del 14 al 26 de julio. Este acontecimiento expresa la alegre disposición de la sociedad a expandir la común comprensión de la propia realidad. Un acontecimiento de este tipo ahonda el proceso dialógico en una sociedad que necesita pensar un futuro incluyente.

Asistir a este evento, además, significa reconocer la labor de Edelberto Torres-Rivas, un intelectual que ha ayudado tanto a la autocomprensión de la sociedad guatemalteca.

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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