Como la fuerza del viento y el respiro de esta vida  

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Profesora. Bertha Abac con su salón de Clases. 2016.

Por:
Bertha Abac **
Colaboración compartida por:
Jesús Abac
Miembro de la
Red Nacional de Gestores Culturales

¿Usted me va dar clases?  Pregunté. Me llamo Ixq’ayw, le dije al maestro mientras me acercaba a él. Tenía los nervios apretándome la panza mientras miraba al maestro parado en la puerta de la clase. Él era un hombre joven, con la mirada de esperanza y la simpatía de un caminante que regresa de su viaje por el ‘abc’ y el ‘un-dos-tres’. Me apretaban las tripas, en mi primer día de clases, pero me aguantaba porque sabía que ese día era de alegría. A la pregunta que hice, el maestro respondió con la mirada brillante y la sonrisa cristalina. Y moviendo la cabeza de arriba para abajo, intuí en el fondo un sí: placentero y cálido frente a su figura gallarda y sutil.

Detrás de mí se encontraba un niño con la mirada perdida ante la inmensidad de la escuela. Él era un niño tímido y taciturno. Me pude dar cuenta que una curva se dibujada en su rostro pero la sorpresa de mi mirada lo sonrojo. En él se oía el sonido fuerte del tambor de los corazones ingenuos y sencillos de la niñez abierta para aprehender. Él tenía un cuaderno viejo que apretaba entre sus dos manos y el pecho. Me dio la impresión que esas hojas amarillentas se movían, que en su interior estaba llenas de vida, que al moverse con su respirar iba a nacer la lucidez en nuestra cabecitas despeinadas y piojentas, llenas de tierrita de la tapixca de ayer. Pero en el cuaderno percudido, con las puntas de las hojas acolochadas, se observaba únicamente el trazo tembloroso de la letra ‘a’. El niño de corazón de tambor, en sus manos agarraba un lápiz gastado y acabado hasta la mitad de tanta punta que le hacía.

¿Cómo te llamas?, le pregunte, Ajtum como el tambor, respondió… ‘tal cómo suena su corazón’, pensé en voz baja. Luego me preguntó, Y tu ¿cómo te llamas?, respondí, Ixq’ayw como el gruñir del jaguar. Nos regalamos una sonrisa tímida de amistad y luego entramos a la clase. La clase estaba llena de pupitres, en donde se veían lindos dibujos de amigas y amigos que conocía esa aula, y de carteles por los maestros y maestras de antaño. Dentro del aula el regocijo era inmenso: risitas por aquí risitas por allá, corríamos, reíamos y los niños y niñas que aún estaban asustados poco a poco se incorporaron a las travesuras del día.

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Escuela Santa Isabel. Momostenango. Inicio de clases 2016.

Salgamos a jugar Ajtum, grité alegremente, él corrió tras de mi directo al barranco que se encontraba detrás de la escuela. Volábamos por las montañas y navegábamos entre los barrancos de Momostenango. Nos resbalábamos sobre el pino seco que alfombraba los terrenos del pueblo. Vimos cómo una manada de animales de todos los colores corría al compás de un hermoso son que ejecutábamos con baquetas imaginarias y que acompañaba la voz ronca de Ajtum. El cielo era celeste y los cipreses eran inmensos, daban la impresión de ser bejucos que nos podían llevar al Sol. La alegría de los pájaros se escuchaba en sus cantos alegóricos, eran las más hermosas aves, que nos pronunciaban letras que todavía no conocíamos.

Regresamos como peces a través del río. Mojados de alegría por conocer todo un mundo dispuesto a mostrarnos los mejor de esta vida. Medio cansados, nos sentamos en una piedra para respirar profundo y esperar tomar fuerzas para seguir en la aventura. Fue cuando Ajtum me comentó que su maestra era la más hermosa de todas, que ella le ponía mucha atención y le ensañaba cosas que él no sabía. Me dijo con pena, Un día en clase estaba tan entretenido leyendo un libro con tanta atención y de repente mi maestra me llamó y yo pasmado le dije ‘Mamá…’ ella me sonrió con la gracia de una madre y yo me disculpe diciéndole ‘me confundí, pero de todos modos usted es mi mamá’. Su anécdota y confusión me causa una gran carcajada que me orine al instante por no poder contener mi alegría.

En ese instante, desde el fondo de la clase se escuchó el llamado del profesor quien con una flauta invitaba a las alumnas y alumnos a aprender la ‘a’ y el ‘un-dos-tres’. Corrí con todas mis fuerzas, quería ser la primera en llegar con el profesor. Respire profundo y grité para apartar de mí todo muro que me impidiera llegar a él. Mis risas y gritos se confundían entre la alegría de todos mis nuevos amigos y amigas. Llegué con la fuerza del viento y el respiro de esta vida para abrazar las piernas del profesor. Al abrazarlo le dije a mis amigas ‘Es mío el Profe…’ él sonrió y abrazo a todos y todas. Su risa nos enseñó qué cuando se ama una tarea esta llega a ser la mayor satisfacción que se puede tener en esta vida…»

Seguí suspirando y mis labios dibujaban una sonrisa mientras mis ojos permanecían cerrados. Fue cuando la bella voz de mi padre, que se dirigía al comercio me decía, Ixq’yaw levantáte hoy es tu primer día de clases. Corrí con tanta emoción porque quería ver por primera vez a ese profesor que soñé alegre y gallardo. Me apresure a vestirme, apretarme el corte y trenzarme el pelo. Me trague los frijoles con premura y avancé con la musiquita de la flauta que en mi cabeza se repetía con tanta alegría. Era la cancioncita que el profesor tocaba para entrar a clases. Llegué a la escuela y encontré a esa persona que me enseñaría las letras y los números, que dicen que son de otros y no de nuestros abuelos, pero que es necesario aprehender para poder vivir en este país. ¿Usted me va dar clases?, pregunte, Sí, respondió la maestra, quien era la más hermosa de todas las docentes. Con alegría la abracé y le comenté que había soñado aun profesor garbo. Yo pensaba encontrarlo hoy acá y también a mi amigo Ajtum, le dije. Le describí como eran y la escuela dónde jugábamos: tal como lo había soñado. Ella se extrañó y me contó que su bisabuelo había tenido a un alumno con esa descripción y con las imágenes de la escuela del sueño. La maestra con expresión de rareza, dedujo para sí: “Esa esa toda la descripción de mi bisabuelo en 1871, cuando llegaron por primera vez los maestros a castellanizar a los momostecos y es la descripción de aquel niño que fue el primero en leer y escribir, y que ahora es mi suegro”.

Desde ese día el gran sueño que había tenido se empezaba a convertir en realidad.

**          Cuento premiado en concurso de Prosa
               Dedicado al día del Maestro.
               Municipio de Momostenango, Totonicapán. 2015

 

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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