Entré al mundo de los libros de la mano de mi padre -2 de 3-

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He terminado con dos bibliotecas: una de libros físicos y otra de materiales en línea (Foto: Flickr, PRODaniel Sancho).

Por:
Bernardo Arévalo
Blog Nómada.gt
Compartido por:
Raúl Figueroa Sarti
Para la Red Nacional de Gestores Culturales

Construirse una biblioteca personal era requisito básico para quien se ocupaba en menesteres intelectuales, tanto por necesidad profesional como por inquietud personal. En mi padre fueron ambas: maestro, profesor universitario, consultor de organismos internacionales en temas pedagógicos, escritor y lector empedernido, su biblioteca era fuente de conocimiento en la que abrevaba recurrentemente, y que se expandía a medida que su curiosidad y su acuciosidad lo llevaban a seguir investigando. No era la suya una biblioteca de adorno, con anaqueles repletos de volúmenes decorativos ordenados por el tamaño del libro y el color de su lomo.

Tampoco era la de un coleccionista dedicado a acumular libros antiguos, primeras ediciones o curiosidades editoriales. Se trataba de una biblioteca de trabajo, que ocupaba las paredes de una pieza en cuyo centro colocaba su escritorio, a la que no tenían acceso más que los miembros de la familia. En ella se refugiaba disciplinadamente durante largas jornadas de trabajo en las que se levantaba de su máquina de escribir –en la que repicaba a dos dedos cartas, memorias, conferencias– para recorrer sus anaqueles y leer sus libros corroborando un dato, verificando una fecha, saliendo de una duda.

La biblioteca de mi padre marcó, además, la dinámica de las reuniones familiares. De regreso en Guatemala para mi adolescencia, y como mis hermanos mayores ya estaban estudiando afuera, la familia se lograba reunir en pleno únicamente durante las fiestas navideñas. Temporada de almuerzos y cenas con sobremesas interminables, animadas discusiones sobre mil y más temas –cualquiera era buena excusa– en los que cada uno de nosotros argumentaba con pasión y datos que terminábamos por corroborar en alguno de los libros de la biblioteca: desde el inefable diccionario de la Real Academia –siempre en el lugar privilegiado del escritorio de mi padre–, pasando por los volúmenes de alguna enciclopedia, hasta un libro relevante para el tema que se estaba discutiendo y que había que saber escoger para salir victorioso del fraterno concurso.

Hace poco, mi hermano mayor comentaba con amargura fingida sólo a medias que, ahora que todo se puede consultar por internet sin levantarse de la mesa gracias a los teléfonos celulares, las reuniones familiares han perdido buena parte de su gracia. De hecho, la función de las bibliotecas se ha ido transformando gracias a internet. Lo que antes había que resolver mediante búsquedas que a veces podían tomar varios días o semanas en la biblioteca familiar, visitando alguna biblioteca pública o universitaria, o tratando de encontrar el título adecuado en una librería, hoy se puede resolver en minutos. No me refiero a la información no siempre confiable de las enciclopedias en línea –como la Wikipedia–, sino a la disponibilidad de bibliotecas digitalizadas enteras, y colecciones de revistas académicas y publicaciones en línea en cualquiera de las ramas del conocimiento humano. Buscadores como Google Scholar o SciELO, y programas como Academia o Questia, permiten acceder a información más variada y más rápidamente de lo que nos era posible imaginar hace veinte o treinta años.

Durante mis estudios de licenciatura y de maestría, mis investigaciones académicas requirieron largas horas invertidas en los pasillos silenciosos de las bibliotecas universitarias, sentado en el piso al pie de los anaqueles revisando libro tras libro, buscando cuidadosamente las referencias bibliográficas que luego había que ir a localizar en las pequeñas tarjetas del fichero, esperando que lo tuvieran disponible en alguna de las bibliotecas de mi universidad o de las bibliotecas de las otras universidades conectadas a la red inter-universitaria, que me podían hacer llegar al término de algunos días.

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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