Don Quijote, no pudo venir a Guatemala -1 de 4-

quijote 1Por:
Mario Gilberto González R.
Ex cronista de La Antigua Guatemala
Colaborador especial de la
Red Nacional de Gestores Culturales

“Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que ha veinte año que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño. ta color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de la Galatea y de don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla  naval de Lepanto la mano izquierda de un carcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocación que vieron los siglos, ni esperan ver los venideros, militanto debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlos quinto, de felice memoria.”

¿Ha leído usted, el libro don Quijote de la Mancha? Hay quienes dicen que lo tuvieron en sus manos, pero ignoran el por qué no lo leyeron. Otros  iniciaron su lectura y sin saber también el motivo, no la continuaron.  Quienes conocen algunos pasajes sobresalientes de oídas y algún estudiante se atreve a contar alguna aventura que desconoce cómo y dónde la escuchó.  La mayoría hace referencia al encabezado del Lugar de la Mancha…; de la jocosa figura de Sancho Panza; de la lucha desigual de don Quijote con los molinos de viento, que al mover sus aspas, pensó que eran gigantes que lo desafiaban,  sin faltar el motor de sus hazañas, a quien con fuerza afectiva se las dedicaba. Su bella y encantadora,  Dulcinea del Toboso.

La falta de lectura del Quijote, se debe a que está escrito en un lenguaje de mil seiscientos, con palabras,  expresiones, dichos, refranes en desuso y recoge costumbres anejas que ni los mismos españoles actuales, conocen y dominan.

Andres Trapiello, tuvo la feliz idea de actualizarlo al lenguaje actual y así facilita su lectura. El primer trozo,  da la idea de la ayuda que va a tener quien se atreva a leer el Quijote de la Mancha y no tendrá excusa de no hacerlo.

Cervantes escribe: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.”

Trapiello lo actualiza así: “–En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. Consumían tres partes de su hacienda una olla con algo más de vaca que carnero, ropa vieja casi todas las noches, huevos con torreznos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos. El resto de ella lo concluían un sayo de velarte negro y, para las fiestas, calzas de terciopelo con sus pantuflos a juego, y se honraba entre semana con un traje pardo de lo más fino.”

Los tres ilustres catedráticos del Instituto antigüeño: don J. Adrián Coronado Polanco, don Abraham Orantes y Orantes y don José María Vielman España,  obedecieron los rigores de la educación  y las exigencias culturales de su tiempo y la lectura y estudio del Quijote, fue parte fundamental de su formación académica. La cultura que los distinguía, tenía de fundamento, un estudio sólido.

Don Adrián Coronado y don Abraham Orantes, se lucieron con sus referencias al Quijote de la Mancha, en sus fogosas piezas de oratoria, mientras que don Chemita Vielman, con su serena particularidad, enriqueció su clase de Idioma Español, con importantes citas del Quijote. Para la riqueza de su idioma y enriqueciendo de su cultura general,  los tres catedráticos, influyeron para que los estudiantes,  leyéramos el Quijote de la Mancha.   D. Pío M. Riépele, distinguido intelectual italo-guatemalense, escribió un artículo que tituló “Un Bárbaro Castigo”. Refiere que en 1896, cuando estudiaba en la Escuela de Derecho y Notariado del Centro, era profesor de Literatura el poeta cubano, D. José Joaquín Palma. (Autor de la Letra del Himno Nacional de Guatemala).

Lo designó para que disertara acerca de  Miguel de Cervantes Saavedra. Su exposición fue muy pobre,  porque solo había leído, lo que Alcántara García escribió en su Historia de la Literatura Española. Palma, no quedó conforme. “desearía saber lo que usted piensa del ‘Ingenioso Hidalgo’ –le dijo-. El rumor de los compañeros de estudio fue perceptible.

En la puerta de la Escuela, Palma lo esperó para decirle: “-¡Qué Bárbaro!… ¿de veras es cierto  que no has leído el libro inmortal? Muy cierto… Eres merecedor de un castigo. Desde esta noche llegarás a mi casa después de la comida, para que dediquemos una hora a saborear esas páginas en que el genio puso las letras de España en las alturas de la gloria.

“…cuando la última noche, me retiraba de junto a aquel hombre, conocía yo –admirablemente leído por un poeta que tan admirablemente sabía leer.- ‘El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha’ “

  1. Pío M. Riépele, se rebozaba internamente de que, gracias al interés del poeta Palma, penetró y conoció los secretos  del libro Príncipe de las Letras Españolas.

 

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