Kilómetros de cartero

carteroPor 
José Manuel Serrano Valero
Caocultura.com
España
Compartido para la
Red Nacional de Gestores Culturales

España: Pocos oficios creo yo que puede haber tan cargados de materia humana como el de cartero. Parece indudable que el correo electrónico ha cambiado mucho las cosas, claro. No pienso que el sobresalto de recibir un “Te amo” que se cuela de pronto en la bandeja de entrada sea muy diferente al que se descubre al sacar el papel del sobre. Es vuelco del corazón al fin y al cabo. En un caso y en el otro. Pero… ¿Dónde queda el misterio de la comunicación que se abre con la oscuridad de la ranura del buzón y termina al romperse el envoltorio de cada carta en manos del destinatario?

Un cartero es un señor o señora que mima lo que quieren decirnos y lo que queremos decir. Hoy en día, cuando las viviendas son estructuras fantasmales de puro vacío en horario laboral, los carteros ya casi no son miembros de nuestra familia. Ni yo conozco al cartero de mi bloque ni él me conoce a mí.

Las nuevas tecnologías han robado protagonismo a las sacas con la correspondencia, donde aún viajan no solo cartas de amor (la primera de las imágenes que se viene a la cabeza cuando pensamos en el correo), sino notificaciones bancarias con mejor o peor salud, la citación judicial que llega para inundarlo todo de inquietud, el aviso de una multa de tráfico, la carta del nieto que traza sus primeras letras y colorea con desigual tamaño y quiere dar la sorpresa…

El correo es el pulso de la vida. Y así se demostró, más que nunca, en aquella película… El cartero y Pablo Neruda, cargada de ideales y solidaridad entre personas (de la social ya saben que dudo -y mucho- desde el Holocausto sirio). En ese film, el principal mensaje es quizá la amistad. El poeta chileno y el isleño Mario Ruoppolo construyen una relación sólida, consistente, como solo puede trazarla el hecho de que uno le lleve alegrías y tristezas conduciendo su bicicleta y el otro las reciba. En Adivina quien viene esta noche -esa obra maestra con la discriminación racial en el Estados Unidos de los sesenta como telón de fondo- el padre del novio es un cartero negro que recurre a sus miles de kilómetros cargado de correspondencia para recordar los sacrificios que han llevado a su hijo a poder convertirse en médico.

Pienso en las caminatas de los carteros, en sus viajes en moto, en sus conversaciones con los vecinos que aún les salen al paso, en lo que debe reconfortar el trabajo bien hecho al quedarse sin cartas que repartir porque ya cada una esté depositada en el lugar correcto. En su destino, ni más ni menos. Con lluvia, con viento, con frío, con un calor sofocante cualquier día de verano. Aún puedo recordar aquel uniforme gris de los carteros en el tardofranquismo, sus carteras de color marrón antes de que llegaran los carritos amarillos con ruedas.

No me gusta que haya huelga en Correos. Y por supuesto que quienes la hacen están en todo su derecho de ejercerla. Pero es como si se parara ese pulso de la vida, como si se ralentizara, como si perdiera actualidad y frescura. Una carta puede retrasarse tanto que ya haya sido sustituida por un mensaje de correo electrónico, por una llamada que teme la demora excesiva y la pérdida de eficacia. Los rectores de Correos -quienes dirigen el cotarro postal de este país- prefieren cierta tardanza a que haya más carteros. Y los sindicatos que protestan rechazan que se despida a carteros alegando que muchas zonas carecen de un reparto adecuado. Añaden que el servicio se desangra y pierde calidad. Diatriba del sistema capitalista en estado puro. La manta que tapa los pies o la cabeza, nunca ambas cosas a la vez, desgraciadamente. A unos y a otros les pido que se sienten a dialogar y piensen que, como decía al principio de este texto, lo que traen entre manos es una materia humana y altamente sensible. “Si perdemos la confianza de los ciudadanos no vamos a ser nada, y ellos son los que nos dan de comer”, me dice amargado el amable y diligente director de la oficina de Correos a la que suelo ir y en la que, por cierto, siempre me atienden divinamente.

Ojalá llegue una solución pronta y satisfactoria para todas las partes. Lo necesita el discurrir cotidiano de la vida y de la comunicación. Lo precisa cada cuerda invisible que nos une a los demás.

http://caocultura.com/kilometros-de-cartero/#more-8049

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Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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