La seducción el arte. CONTEMPORARY ART HATES YOU

plaza publica 1Por:
Alejandro Paz
Plaza Pública
Guatemala, C. A.

El individuo entra al Museo. Emocionado. Comienza a recorrer cada detalle de ese enorme mausoleo de mármol travertino, los lienzos de madera suavizan las superficies, las gradas de negro profundo catalizan la presencia de sus visitantes. El individuo camina por los amplios corredores pensando en que nunca le han gustado los jugos que nombran al Museo, y se asoma una leve desconfianza hacia todo lo que pueda salir de esa industria. Sin embargo el Museo es perfecto, una obra maestra de la arquitectura…. Y aquí está, a punto de recorrer sus salas y tener una experiencia trascendental.

El individuo camina por las salas del Museo, comienza a sentir una verdadera conmoción ante la obra de Gustav Metzger, quien le da una cátedra dictada a través de su capacidad de concretar en obra escultórica y monumental la redención del ser humano antes sus pasiones y atrocidades.

Unas salas más abajo, el individuo se topa ante una exhibición en la que varios artistas “curan” la selección de obra utilizando la colección de arte del dueño de los jugos. Y es allí donde el individuo vuelve al mundo, donde todo sentido de un ideal le retorna a la superficie débil de la náusea, al sinsentido de hacer arte, ¿para qué? Consumir sus ideales para terminar siendo decoración, espacio ocupado en bodegas. Arte, ¿para qué? Para perderse en simulacros de megalomanía y terminar ahogado entre cientos de obras de artistas con un destino compartido de silencio y esterilidad.

Así, el individuo se dirige a la salida del Museo para huir, buscar una dosis de mezcal, cualquier cosa que lo haga sentirse lejos de ese mundo tan seductor del arte como síntoma de nuestras contradicciones más aberrantes. Y se topa, el individuo, con una fotografía simple y clara. John Waters (sí, el cineasta). “Contemporary Art Hates You”. Dice. El individuo tenía razón, John Waters tenía razón. No estaba solo, y Waters en un ejercicio sutil terrorismo (tan característico de él…) se burla de sí mismo, del mundo que lo aclama, de las formas que se mueven en el horizonte que sus enormes ojos alcanzan a ver. Ya no hay sentido en seguir allí. Busquemos la salida.

Resulta que el individuo se me aparece constantemente. No he logrado descifrar si es un demonio o mi conciencia. Pero he llegado a considerar que dicha ambigüedad es la que me mantiene vivo. La que dictamina la arritmia de mis cavilaciones.

Es extraño, pero dicho individuo nunca se aparece cuando estoy frente a un espejo. Se asoma cuando miro al mundo de soslayo, se sugiere cuando veo a lo lejos la obra de un artista, cuando debo encontrar razones para fundamentar mi creencia en la forma siempre imperfecta de la materia, en la masa que generan los gestos de los creadores.

Llevo mucho tiempo de rondar por el mundo del arte. A veces me he inclinado por practicarlo y experimentar con materia insustancial para convertirla en algo con sentido. Lo tengo muy presente: el momento, el contexto, los días, las decisiones, los amigos y la inocencia, pero he evitado ponerle fecha. Para mí fueron épocas intensas que iniciaron con un período de experimentación y simbiosis con el trabajo de otros artistas (emergentes como yo) de esa época. Tuvimos la suerte de que otros artistas y entusiastas nos abrieran sendas que nos incitaron a combinar la fuerza de las intenciones más imberbes con el experimento artístico. Y comenzamos, comencé, a formarme un criterio y a definir el rol que convertía el arte en una forma de vida.

Con el tiempo produje cada vez menos obra y más arquitectura, para mí lo mismo, el mismo gozo, la misma forma de satisfacción. El mismo sentido de aplicar nuevas tácticas al trabajo cotidiano para proyectar acciones y comportamientos en la gente que contempla la obra, que habita la arquitectura. La materia sigue siendo el reto, el sonido del espacio es ahora mi murmullo personal. He tenido tiempo para contemplar, para ser testigo y pasar desapercibido. Intento mimetizarme en los momentos que van formulando la historia del arte contemporáneo. Y he visto gozoso cómo nuevas generaciones de artistas han desdibujado algunos trazos obvios que fuimos marcando cuando nos tocó abrirnos brecha dentro de un público hostil, y cada vez más hostil.

He comprobado que el arte es una profesión sobre todo digna y profesional. He visto cómo mis colegas han desarrollado mundos enteros de construcciones subjetivas que provocan intensos resultados intelectuales y mundanos. No se trata de generar trabajo espontáneo, trabajo esporádico y golpazos de suerte. Los artistas que me motivan son aquellos cuyo trabajo es un factor más de su carácter cotidiano, artistas cuyas obras son nada más que una extensión de sus acciones naturales, un acto de la ética más pura.

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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