Contando el tiempo. Ciudad Levítica -4 de 4-

contando el tiempoEscrito por
Marco Sajquim
Diario de Centroamérica
Guatemala, C. A.
 
Anhelabas incursionar en una zona de conflicto.  Lo conseguiste y afortunadamente salieron bien librados y el periplo acabó en El Cortijo de Ciudad Vieja con un opíparo almuerzo-buffet amenizado por una marimba de Sumpango que tocaba las melodías de moda: Lágrimas de Telma, Mi Linda Kelly, Mi Lupita, Migdalia Azucena.

Esta vez cierras una gira que has iniciado dos días atrás.  Pasaste un par de noches en la Antigua, fue tu tercera visita desde el otoño. Te sientes confortado e intuyes que, por largo tiempo, no tornarás a visitar la ciudad-monumento.

Aunque el paisaje resulte grato, la ciudad luce atestada de gente y de autos usados que traen de Texas: los carros rodados.  También abundan los vendedores, los comercios, innúmeros bares y cafecitos que parecieran estar siempre desiertos. Echas de menos cierta atmósfera monacal que aún conservaba la ciudad levítica del trópico en las décadas 70-80 del siglo pasado, cuando escasearon los turistas y pululaban reporteros, misioneros, cooperantes y espías.  

Al llegar a Escuintla te apearás frente al  Mc Donalds, una parada bien  conocida de los pullman que continúan viaje rumbo a Mazatenango, Retalhuleu, Coatepeque, Tecún Umán y los poblados de la frontera.  Te subiste a un armatoste de color azul que no portaba insignia e iba repleto de jóvenes migrantes encandilados con el sueño americano.  Todos parecían recién egresados de un centro penal a juzgar por sus ropajes, sus miradas y el corte de pelo al rape.  
¿Chapines, hondureños, salvadoreños o ecuatorianos?  ¿Cuántos de ellos conseguirán poner pie en Tucson, en Phoenix o en el Cumberland?  ¿Jaurías de astutos coyotes los guiarían en el desierto de Arizona logrando colarse por El Altar y El Sásabe, los últimos rincones del estado de Sonora?

A la salida de Escuintla, te apeaste del anónimo pullman y optaste por abordar un Rápidos del Sur que te condujo hasta Mazatenango.  A lo largo del trayecto fuiste observando la vegetación y los escasos árboles en ambas orillas de la carretera; uno tras otro pasaron al lado de poblados que sobreviven del comercio carreteril: hueseras y talleres, expendios de combustible adulterado, galeras-templos de los pentecostales, comedores llenos de moscas, moteles-garage-24-horas y discotecas-cervecerías.  

Siquinalá, Cotzumalguapa, Río Bravo, San Antonio y San Bernardino.  En Mazate te detuviste un par de horas, tiempo necesario para almorzar un róbalo termidor y un tarro de cerveza de barril en Don Carlos, el restaurante propiedad de Emilia, una descendiente del inmigrado suizo que fuera bräumeister o maestro catador en la Cervecería Nacional de Xelajú.

Más tarde, yendo a bordo de una Florecita, te reirías oyendo las gracejadas de un par de humildes payasitos itinerantes.  Entre Cuyotenango y Zunil te acompañó la sensación de estar cerrando una etapa de tu vida que ha estado muy influida por la aldea y por la patria: una aldea que se pierde, una patria que se sueña.

*Escritor altense 

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s