Feria de Agosto Un recorrido literario e histórico por la Feria de Jocotenango (4 de 4)

feria jocotenango 2

POR:
ISABEL DÍAZ SABÁN
DE FONDO
Revista D
Prensa Libre
Guatemala, C. A.
 
Pero la razón de la renuencia de los indígenas no era tan simple y  podría haberse basado, más bien, en el hecho de que al cambiar de residencia pasarían a servidumbre, pues debían construir la ciudad y las casas de los principales sin paga, según datos de la investigación de Ofelia Columba Déleon Meléndez, recopilados en el tomo de Tradiciones Guatemaltecas, titulado La feria de Jocotenango en la ciudad de Guatemala: Una aproximación histórica y etnográfica, del Instituto de Estudios Folclóricos de la USAC.

Nueva etapa.

Fue hasta 1801, cuando la ciudad ya prosperaba, que  volvió a celebrarse la feria en el área de Jocotenango.  El Archivo General de la Nación conserva un mapa de la capital datado en 1842 en el que ya se observa la ciudad con sus 13 cantones y un barrio aledaño, Jocotenango.

En esa época surgieron las primeras quejas de los vecinos, por la extensión del área de la feria, así como por el ruido que producía.

Domingo Juarros, religioso con vocación de historiador, retrató su versión de la actividad en su  Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala (1809), describiendo una feria de  caballos, mulas y muchas mercancías a la que concurría gran número de gentes. 

El cronista de la Ciudad, Miguel Álvarez, agrega que negociar el ganado era una prioridad para las clases privilegiadas, pues era una de las principales actividades económicas del país, y por lo tanto, la feria la tomaba como razón principal.

El escritor Antonio Batres Jáuregui (1847-1929) recuerda añorados pasajes de su infancia generados por sus vivencias en el barrio y la celebración de la feria, que era “centro de ventas y recreo social”. 

Describió que sus habitantes eran unos mil 500, albañiles los hombres, y chichiguas o nodrizas las mujeres, la sencilla iglesia, y la plaza donde se imponía una gran ceiba.

“En el humilde templo figuraba una colosal escultura labrada en cedro y traída de La  Antigua Guatemala, representando al Eterno Padre, en legendaria efigie de milagrosa fama, pero de ningún gusto estético. Creo que la tosca imagen aún se conserva en San Sebastián. Los indios jocotecos deben haber encontrado en la monumental escultura mucho de lo primitivo de sus abruptos ídolos”, comenta.

Nunca en la feria, aun desde Milla, se han dejado de escuchar las frases que brotan de la idiosincrasia guatemalteca:  “Más hubo el año pasado”, “todo ha estado carísimo”, “esto ha estado desierto”, “pensé que no iba a ver un traje como el mío y he visto seis”, “mucha gente”, “jamás olvidaré este día”, que contrastan en el tiempo con las citadas por Déleon: “Pase adelante amorcito”, “¿qué va a querer chula”, “reina, tenemos mesas”; todas ellas parte de la tradición guatemalteca de agosto.

Acerca de Culturales de Maco

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