Efemérides del 2014. Sucesos que marcaron la historia (3 de 3)

francisco ximenez

Autor:
Gustavo Adolfo Montenegro
Con información del historiador
Roberto Mayorga
Reportaje central
Revista D, Prensa Libre
Guatemala, C. A.

Ximénez sale de Rabinal. Entre 1704 y 1714, el dominico español conoció la cultura y raíces de los mayas Rabinaleb. La salida de Francisco Ximénez, fraile dominico español, del curato de Rabinal, en 1714, es importante porque cierra uno de los ciclos de investigación pastoral y lingüística más ricos de la historia guatemalteca. A Ximénez se debe la primera versión del Popol Vuh, libro sagrado de los quichés, pero no vaya a creerse que aquel trabajo representó un reconocimiento inmediato para este religioso. Su colosal obra durmió por más de un siglo en la biblioteca de la entonces pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala.

Nacido en Sevilla en 1661, Ximénez llegó a América como acólito, a los 27 años. Habiendo cumplido su noviciado, en 1691 fue enviado a San Juan Sacatepéquez y después a San Pedro de las Huertas, donde aprendió kakchikel.

En 1701  fue transferido a Santo Tomás Chichicastenango (Chuilá), donde aprendió gramática y habría hallado el manuscrito del Popol Vuh, cuya traducción y transcripción empezaría en 1715.

Entre 1704 y 1714 fue cura y predicador general entre Rabinal y Chichicastenango, atmósfera que le enriqueció en su conocimiento de los pueblos originarios del Altiplano.

Cuando se marcha de Rabinal, en 1714, emprende el estudio y redacción de sus obras; sin embargo, su impacto en la divulgación de la tradición indígena antigua ha sido relegado a veces en favor de la figura del abate francés Brasseur de Boubourg (1814-1874), quien, si bien es cierto que dio a conocer la traducción del dominico español, también fue quien, de alguna manera, mantuvo oculto el manuscrito. Tampoco ha sido suficientemente reconocido el papel de Ximénez en el rescate del drama Rabinal Achí, que actualmente es Patrimonio Mundial de la Humanidad y que Boubourg dio a conocer en el siglo XIX.  Ximénez llamó “Tesoro” a dos de sus compilaciones. Murió en 1729.

Iximché arrasada por gran incendio. La capital del señorío  kaqchiquel  vivía en pugna con otros reinos. Diez años antes de que los conquistadores españoles llegaran a Iximché, capital de los kaqchiqueles, la ciudad fue arrasada por un incendio, cuyo origen no se ha aclarado, pero que causó gran destrucción, debido a los materiales con que estaban elaborados los techos y parte de las  viviendas.

Iximché fue fundada hacia 1470, por Juntoh y Vukabatz,  instados por su protector, Kicab, gobernante de los quichés, cuando este fue depuesto en una revuelta dirigida por sus hijos Tepepul e Itzayul.

Kicab les sugirió que se trasladaran de su centro en Chiavar —posiblemente Chichicastenango— a Ratzamut, promontorio del cerro Tecpán, en el actual  Chimaltenango. La cima de Ratzamut se encuentra a dos mil 75 metros sobre el nivel del mar y está flanqueada por profundas pendientes. Las ciudades mesoamericanas, en especial del Posclásico, eran estratégicamente ubicadas en sitios altos, como  protección ante los constantes ataques  de otros pueblos. Ese es el caso de Iximché, que solo tenía un paso de entrada, en el cual aún había un foso de ocho metros de profundidad, para resguardarse. Esa defensa natural, que existía a la llegada de los españoles, fue rellenada con el tiempo.

La población kaqchiquel que habitó el sitio se dividió en dos grupos; uno  se quedó en Iximché y el otro partió a conquistar a los pocomames y fundó la ciudad de Chwa Nima Abäj —Mixco Viejo—, al norte de San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, desde la cual resistieron a los españoles.

Los kaqchiqueles establecieron cuatro linajes: los Zotzil, los Xajil, los Xpantzay y los Tucunché, y así dividieron los territorios.

Etimológicamente, el nombre del sitio se compone de dos palabras en kaqchiquel: ixim, que significa “maíz”, y chee, con la que se refieren al “árbol”, por lo que se puede traducir de  manera libre como “árbol de maíz”, aunque según estudios no se alude tanto a la milpa, sino al árbol de ramón, que era aprovechado como alimento.

La ciudad se divide en cuatro plazas, donde hay palacios, templos, altares y casas largas, además de juegos de pelota. El lugar llegó a albergar hasta 15 mil pobladores; sin embargo, la acrópolis central era administrativa, y reservada a las élites. En los alrededores vivía el resto de la población.

Unos cinco años después del incendio, la ciudad fue asolada por una peste que, según el Memorial de Sololá, era una enfermedad “de granos”, que diezmó a la población, incluso a algunos de los gobernantes.

Los Itzá envían comitiva.

En 1614, el jefe de los itzá, que vivían en la isla Tayasal —hoy Flores, Petén—, envía a Mérida —hoy Yucatán— una delegación  para expresar que querían someterse pacíficamente a los conquistadores, pese a que durante  un siglo habían combatido con tal ferocidad que   nadie había intentado apoderarse de su territorio.

No sería sino hasta 1618 que llegarían dos misioneros, Bartolomé de Fuensálida y Juan de Orbita, quienes habían trabajado en Yucatán y  decidieron ir a intentar la conversión al cristianismo de esta etnia.  Primero se dirigieron a Tipú, pueblo colonizado, situado al noreste del lago Petén Itzá. Desde allí enviaron mensajeros a Tayasal y los itzaes les autorizaron penetrar en su territorio. Cuando empezaron a predicar, los indígenas les dijeron que, según sus profecías, no había llegado aún el tiempo de convertirse.

Pidieron a los misioneros que se fueran, no sin antes darles permiso para pasear por el poblado e incluso para ver los ídolos. En el templo principal encontraron una gran estatua de cal con figura de caballo: era el dios Tzimín Chac (tzimín significa caballo y Chac era el dios de la tormenta y el rayo). Se sabe que Cortés, en 1525, había abandonado en la isla un caballo herido, y que los españoles, montados y disparando, habían causado una gran  impresión. Por ello fue que los indios decidieran divinizar al caballo. El sacerdote Orbita cogió una gran piedra con la cual golpeó y rompió la estatua, y por poco son ejecutados. Días después, de nuevo intentaron persuadir a Canek de que se hiciera cristiano, pero este les repitió que, según el calendario y las predicciones de los antiguos sacerdotes propios, el tiempo de convertirse aún no había llegado. Los dos misioneros españoles regresaron a Tipú, pero  apenas se habían apartado de la orilla del lago cuando algunos itzaes les tiraron piedras.

La conquista definitiva de Tayasal no se produciría sino hasta 1697, cuando fue totalmente arrasada.

*Con datos de  Historia General de Guatemala

Acerca de Culturales de Maco

Notas culturales compartidas y creadas por Marco Monzón, y colaboraciones para compartir desde la cultura, el arte, la espiritualidad y la tradición católica. Comparte ademàs, notas culturales de medios de comunicaciòn.
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